En los últimos años, y a pesar de la desidia municipal, la ciudad de Valencia ha registrado un continuo aumento de los desplazamientos urbanos a través del uso de la bicicleta, cuyo origen ciertamente se puede atribuir a diversas motivaciones: el aumento del coste del combustible, una mayor sensibilidad ambiental, la rapidez de los desplazamientos por este medio, una mejor consideración social, etc.
El movimiento ciclista lleva años demandando sensibilidad hacia este medio de transporte, tan habitual en otras ciudades europeas y por el que también están apostando de forma decidida algunas ciudades españolas. También el Consell Valencià de Cultura recogió en un informe de 2008, y lo ha vuelto a recordar este pasado año, la necesidad de normalizar el uso público de la bicicleta, ante la falta de un proyecto municipal que avanzara en ese sentido. Finalmente, el ayuntamiento, basándose en parte en documentos de los grupos de usuarios de la ciudad (aunque sin consensuar nada con los mismos) y aprovechando la disponibilidad de fondos estatales para la ejecución de obras, se decidió este pasado año 2009 a realizar una serie de tramos nuevos de carril bici, reparación y nueva pavimentación de otros ya existentes y señalización de más ciclocalles que permitieran avanzar en la tan solicitada malla ciclista. Al margen de la falta de consenso y de defectos de diseño o ejecución de dicha red, hay que valorar de forma positiva que, por fin, nuestras autoridades municipales se hayan decidido a impulsar la movilidad ciclista. Aun así, echamos de menos la existencia de canales participativos (mesa de la movilidad, oficina técnica de la bici, etc.) donde se pudieran aportar ideas (como por ejemplo la imperiosa necesidad de formar a los nuevos ciclistas en la conducción por la calzada).
Sin embargo, y volviendo de nuevo al tema de las infraestructuras, vemos que dentro de la denominada ronda interior de circunvalación, y a pesar de la demanda elevada para uso ciclista de muchos itinerarios que discurren por ella, por la confluencia de usos laborales, turísticos, de ocio, administrativos, de intermodalidad con otros medios de transporte, etc. no se ha ejecutado ningún tramo por este eje verdaderamente estratégico (que ya reivindicamos en 1994) y a la vez peligroso (es un caso parecido al de la avenida del Puerto, por el que tuvimos que luchar y que es a día de hoy el eje ciclista más concurrido de la ciudad).
Eje más que necesario si tenemos en cuenta que en el verano de 2010, salvo retrasos, deberá estar en funcionamiento el nuevo servicio municipal de alquiler de bicicletas, que con toda probabilidad, y tal como ha sucedido en las ciudades que lo han implantado (Barcelona, Sevilla, Zaragoza, etc.), provocará un mayor aumento del tráfico ciclista. Una parte importante de estos usuarios se caracteriza por un escaso uso de la bicicleta en el medio urbano y/o sin mucho conocimiento de la circulación por la ciudad, por lo que ante el miedo a transitar por la calzada pueden verse tentados a usar las aceras para circular, actitud que rechazamos por insolidaria, pero que entendemos que se da por el miedo que genera la circulación por vías con gran densidad de vehículos, altas velocidades e incluso la actitud de algunos conductores (cada vez menos) que se caracterizan por la intimidación al ciclista.
La pelota, pues, está encima del tejado del ayuntamiento.
Miembros de Valencia en Bici/AEA