Lo es extraño que exista un cúmulo de voces distintas en el PSPV, ni que mercadeen sobre cacofonías estridentes. En el endogámico círculo de la universidad y entre compañeros de filas, suceden estos días cosas terribles, inexplicables, inconcebibles. Un Poltergeist donde los objetos y los espíritus están fuera de ubicación y se rebelan acuciados por entidades malignas. Tal vez los elementos descansen en paz cuando se sepa quien ha alcanzado la cima del rectorado. Mientras tanto, en Blanquerías no alcanzan a comprender qué fenómeno sobrenatural desata el desorden de piezas, que vagan como locas en el espacio, sin interesarse por su procedencia o su destino. La universidad, hoy, concentra toda la descodificación existente en el partido. Se le atribuye a Aznar una sentencia sobre Trillo: «Dejas a Federico solo en una habitación y se asesina a sí mismo». Hoy se reúne el Comité Nacional del PSPV, el máximo órgano entre congresos. Hay tantas familias, sensibilidades y afiliaciones como componentes. De vez en cuando alguien logra organizar una comunidad de intereses, que se malogrará cuando los intereses cambien de dirección. De vez en cuando, también, alguien consigue reunir a la gran familia socialista bajo la estrella de su liderazgo fugaz. Esto ya es un milagro. Quizás llegue el día, sin embargo, en que las parroquias se congreguen en torno a una idea común y abandonen las volubles inmediateces. Una idea común no es una causa común, claro. Pero, en fin, también la causa puede servir. Desde hace ya muchísimos meses tienen una, y es gigantesca. La crisis económica. Uno lo ha repetido intermitentemente. No existe otra agenda posible en la actualidad para los socialistas valencianos –no diré ya para los españoles–. Gürtel, Canal 9, la financiación, el agua, los chiringuitos, el Cabanyal o el dichoso «parany» son, juntos, una ameba pintoresca comparados con el trauma social sobre el que opera la fractura económica, que engulle a Alarte en su espiral diabólica. El problema de Zapatero es el problema de Alarte, como el de Lerma era el de González. Y la gravedad de la situación enciende todas las alarmas. El socialista Almunia, desde Bruselas, advirtió sobre las analogías de España y Grecia. Zapatero se personó en Davos para tranquilizar a los mercados, a las agencias de calificación y a los financieros del mundo. No lo logró si nos atenemos a las jornadas de pánico posteriores, con derrumbes de la bolsa y ventas masivas de inversores extranjeros. Las reformas de ZP –pensiones, recortes, jubilaciones, despidos– acuden a tranquilizar a los capitales pero la valleinclanesca Salgado rectificando el documento enviado a la CE es una pincelada más en el paisaje de la improvisación. La deuda pública cabalga como un jinete apocalíptico. Los mercados le han retirado el crédito a ZP. Y ZP contenta a Rajoy. Su reforma del Estado de Bienestar penetra en el campo de la derecha. El canon del joven socialdemócrata –más tiempo para el ocio, menos trabajo– se derrumba.
Esa evidencia, que ha calado en las filas socialistas y en parte de la sociedad, apunta directamente al corazón del PSPV, que no es inmune a la tormenta desatada sobre la vertical del Gobierno. ¿Cómo protegerse? El Comité Nacional de hoy puede descansar en la agenda de la fiscalización al Consell, repasar sus vacíos y disfunciones y configurar un friso colorista de lugares comunes. También puede armar una reflexión para evadir la erosión (inevitable) forzando iniciativas políticas autónomas en un intento de esquivar la tempestad que mantiene el epicentro en Madrid. Propuestas, ante la parálisis, no han de faltar.