El proceso de restauración y recuperación de las escaleras del puente medieval de la Trinidad ha llegado al final, al «cul de sac», al absurdo. Se abrió el pretil, se colocaron losas de piedra para reponer los escalones y se colocó una barandilla «en forma esencializada» en plan quitamiedos. Hace un año. Y todavía no se han abierto al público, que dobla una y otra vez la malla metálica dispuesta para impedir que nadie se mate en ellas. Un año después el arquitecto nos dice que la apertura de las escaleras, atención, depende de «la forma de hacer entender al usuario que su uso es específico». Los peldaños se han repuesto tal como se construyeron en el siglo XV, o sea, grandes, impracticables y peligrosos. ¿Eran antes más altos? ¡Nooo! Total, que la situación es la siguiente: se han restaurado unas escaleras que no se abren por miedo a una demanda de quien se caiga. ¿Qué hacer? Muy fácil. Que cierren el pretil.