Naciones Unidas ha declarado el año 2010 como Año Internacional de la Diversidad Biológica. El ritmo de extinción de especies es «alarmante» según la ONU, y es debido fundamentalmente a la actividad humana y ahora también a las alteraciones climáticas, afirma la Organización. Europa se ha sumado a este carro —en realidad fue la vieja Europa quien lo puso en primer plano en 2001—y quiere liderarlo. Las heridas abiertas por la cumbre de Copenhague, con Obama pactando con los chinos mientras hacia obscenamente ostensible que ignoraba a los europeos, están muy recientes en el seno de la Comisión Europea, que no quiere, de nuevo, verse relegada a un papel de segundona. Europa reconoce que ha fracasado en su estrategia para luchar contra la pérdida de biodiversidad lanzada en 2001. Quiere que todos los ciudadanos sean conscientes de la importancia de proteger nuestro patrimonio natural y anuncia estudios de coste beneficio que den respuesta a preguntas del tipo. ¿Qué perdemos en euros cuando desaparece una especie? Estados Unidos ha perdido sus abejas y el sistema agrícola se desmorona. Las cosechas que requieren de polinización previa han caído espectacularmente y lo que antes hacían las abejas ahora hay que hacerlo a mano o con aviones. Un desastre, y además carísimo.