Aquí vive gente –en la calle Serrano, en la madrileña milla de oro del comercio caro- de sangre azul y números rojos. Perfecta definición de un frutero de la zona que habla para el reportaje «Se liquida» de Callejeros que firma Beatriz Díaz. Si alguien preguntara a 100 personas, 102 responderían que odian a los banqueros. Así comenzaba «Los últimos días de Lehman Brothers», que emitió Canal + hace unos días. Activos tóxicos, caídas libres, bancarrota, fusiones al límite, la gran Babilonia se hunde, hipotecas basura, términos a los que nos hemos acostumbrado sin tener una idea clara de lo que significan y que en la producción de la BBC eran moneda corriente tratando de dramatizar el fin de semana en el que el gran banco, al parecer un gigante de las finanzas con patitas de algodón, quebró en 2008 con un estruendo que aún resuena y llega como un verdadero tsunami a nuestro bolsillo, o sea, al centro de nuestro corazón. Por eso, la frase «gente con sangre azul y números rojos"» aunque referida a esos cretinos que van por la vida arrastrando títulos de antigua nobleza, o a capullos que viven a un palmo del suelo para distinguirse de la comuna de asalariados, y ahora se encuentran sin cash, en expresión memorable de una friqui como Carmen Lomana, la entendemos tan bien aquí abajo, incluso con regusto de agraviados de clase. Viendo la dramatización británica me interesó más lo que iba sintiendo como espectador que lo que salía en la pantalla. Soy capaz de llorar, con moco y todo, con cualquier reportaje de los que a diario emiten las cadenas sobre la situación de miles de familias que llegan a fin de mes como lo comenzaron, sin saber qué pasará mañana, con un par de tomates en el frigorífico, flotando en una bancarrota en la que nadan papá, mamá, los niños que se quedan sin yogur, y viviendo en lugares miserables por donde se cuela el frío que no detienen los plásticos tapando los ventanucos.
Odio a los banqueros. Pero cuando veía sudando a Corey Jonson como Fuld, presidente ejecutivo de Lehman, tirándose de la corbata para poder respirar, incluso con amagos de infarto, consciente de que se le escapaban de sus fauces de tiburón chorros de dinero que se le iban por el caño de su avaricia, me quedaba tan fresco, incapaz de compasión. Así que sí, si preguntas a 100 personas, 102 responden que odian a los banqueros. Para no odiar a nadie yendo a su bola Jesús Calleja se fue a Groenlandia en un nuevo Desafío extremo dejándose azotar por los temibles vientos catabáticos, de nombre tan sonoro como de consecuencias tan peligrosas. No dejan ver a más de un metro de distancia, las temperaturas alcanzan un límite tan insoportable por abajo como las cifras del paro por arriba, y las tiendas donde se aloja el equipo han de sujetarse con la misma fuerza y tesón con que Rita Barberá, el catabático valenciano, se lleva por delante el barrio del Cabanyal. Soplaban en la llanura helada groenlandesa a más de 150 kilómetros por hora, y de vez cuando veíamos planos de los perros que arrastraban los trineos dormir con placidez infantil enterrados por la ventisca. Y la reacción de mi cuerpo, en casa, calentito, era encogerse y tiritar.
GH Vip. Me pasó lo mismo esta semana al enterarme de que Telecinco ha dejado activa la casa de Gran Hermano sin tiempo a ventilar esa perrera nacional cuyas paredes huelen aún a pedo, estiércol, semen y gargajos de los habitantes de la camada 11. Deseo con frenesí mantecoso que esta demencial mamarrachada, ahora con algunos de los que defecaron hace años en los retretes de Guadalix, nos dé razones para dedicarle unos minutos, no sé, un estacazo en la cabeza al más gilipollas de la conca, un embarazo no deseado al transexual de la cuadra, una muerte súbita al más tontaina, un sarpullido sexual al que más grite, es decir, a Mercedes Milá, pero algo, que ocurra algo gordo, y me daría lo mismo en directo que diferido. Ocurra lo que ocurra, un problema. ¿A qué cementerio habría que llevar los residuos tóxicos de La noria, DEC, Sálvame, algunos informativos, e incluso algunas cadenas? ¿Qué ayuntamiento alojará la porquería, sabe ya el PP lo que le conviene, dirá hoy Mari Loli de Cospedal sí al chachachá de Belén Esteban y no por las mismas razones mañana, tiene Zapatero un plan E para cuando la bella Pilar Rubio abra la pista y Víctor Janeiro se enfrente al toro de la ex cuñada, se jubilará Milá a los 67 vestida de pobre payasa o habrá que echarla a gorrazos del establo?
Puro sexo. Economía, Lehman Brothers, Carmen Lomana, la catabática Rita Barberá. Muy bien. ¿Y lo del sexo del titular? Aquí llega. ¿Recuerdan que Samanta Villar asistía a las sesiones de porno con asomo de asco y mojigatería de monja escandalizada? Pues Rafa Méndez, el profesor de la energy de ¡Fama! y otras perlas que casi siempre me alejaban de su rollo folclórico se pringó en After Hours –una entrega cada lunes, un tema en cada entrega- la noche dedicada al Puro sexo. Acabó maniatado por un experto en dolores eróticos, una modalidad conocida como bondage, y blandiendo un rabo de látex de 24 cm de espanto se lo metió, literal, a la chica que antes, abriendo la boca como Jane Badler, la Diana de V para tragarse sus ratones, se tragó el artilugio hasta más allá de la campanilla. Hubo escenas memorables en su recorrido para ver cómo la gente se lo monta en cuestiones de sexo a años luz de la bíblica postura del misionero. Habló con Ana, enfermera de día, perra caliente de noche que busca por los parques a tíos que la empitonen. Se ve a Ana recibiendo por detrás la visita del chico con el que ha quedado, y Rafa, al lado, como Rodríguez de la Fuente con sus animalitos, observando. A ver, Ana, ¿puedes hablar mientras lo haces?, pregunta con descarada naturalidad. Ana no puede porque la boca también la tiene sellada por el miembro de otro visitante. En Puro sexo, Rafa Méndez no juzgaba, y cualquier diversión sexual consentida le parecía estupenda. A mí también. Pero sigo preguntándome si serán pocas las 102 personas, de las 100 preguntadas, que odian a los banqueros. Y si orar y desayunar ante una camada de ultras religiosos es una nueva perversión sexual. ¿A los tiburones se les pone dura? Y final. ¿Hubo sexo entre Obama y Zapatero?
Escoria
Uno de los cenutrios que participan en Generación Ni Ni está a la altura de los que salen o entran de GH. Es la misma farfolla. Para él, un tal Hugo, tragar semen es alimenticio. Para otro, tener la picha grande como dice tenerla es el colmo de la felicidad, sobre todo para las tías, porque asegura que a todas les gustan grandes. Roberto Ontiveros, cerebro de ambos formatos, sabe elegir a esta escoria, una bomba ante una cámara y un micro.