Aunque estamos en mitad del invierno astronómico, la estación ya ha batido suficientes récords de frío, lluvia y nieve para ser memorable. Y no sólo en la vertiente mediterránea de la península, donde se recordará por la sucesión de temporales y nevadas en cotas bajas. Algo más al norte se está viviendo un tiempo anómalo, pero en este caso la situación es extraordinaria por las altas temperaturas. En el extremo sur de Groenlandia, la temperatura media en enero es de 4,1 grados negativos, pero este año han registrado tres décimas sobre cero. En otras localidades se han batido récords similares: Qaqortoq, también en el sur, midió 0,1 ºC cuando la media desde que comenzaron los registros en 1961 es de –5,5ºC. Los meteorólogos locales han atribuido estas monumentales variaciones a las variaciones en la circulación del Atlántico Norte, que han forzado a las masas de aire frías a circular por Europa. Pero el enfriamiento, puntual, que se ha vivido en la mayor parte del continente, no oculta una realidad preocupante en la región ártica: el tamaño de los casquetes polares se reduce año tras año y los glaciares siguen en retirada. Razones de peso para actuar con determinación frente al cambio climático y dejar de refugiarse en los datos que arroja un invierno anómalo en el resto de Europa.