Primero negó la crisis, despues se ausentó y tomó medidas inmediatas, más tarde la minusvaloró y luego objetivó el principio del fin de la recesión. El cataclismo actual le ha devuelto a la realidad. Y la realidad de Zapatero es desoladora. La catarsis anunciada, con reformas que subvierten la utillería socialdemócrata, contiene un desajuste temporal: emerge tarde, forzada la purificación por los acontecimientos y asoma improvisada. Por el momento, la ministra Salgado, cabeza visible de la economía española, ha de peregrinar a Londres para tranquilizar a los mercados y al Financial Times. Más vale tarde que nunca.
La última explosión de la crisis también ha devuelto a la realidad a los socialistas valencianos. Pese a la dimensión del cataclismo, apenas había llenado un trozo colateral de su agenda. Es cierto que Alarte leyó sus propuestas en la entrevista que mantuvo con Camps. Pero de eso hace ya mucho tiempo y ya nadie se acuerda. La «actualidad» política y el «programa habitual» (agua, urbanismo, etc) ha ido robando del primer plano la atención sobre la tormenta económica, que en todo caso ha sido ávara o exigua. Se ha mantenido Gürtel como plato estrella, con todos sus matices, colorines y derivaciones, en un menú de apéndices domésticos insulsos: episodios sobre las costumbres valencianas o sobre el quehacer de sus señorías. La crisis estaba ahí, sobrevolando las espaldas, pero no iluminaba el plano principal. Alarte se ha desgañitando anunciando la creación de 250.000 puestos de trabajos si alcanzaba la Generalitat, pero la intención también se ha desmoronado, amortizada por el vendaval. En la coyuntura actual, la promesa no se sostiene. ¿Quién puede avalar una medida de ese calibre en un horizonte de incertidumbre? Lo primero que se ha roto es la seguridad, la pieza fundamental para cohesionar el rompecabezas social. ¿Cómo fiarse de una iniciativa subordinada al mercado cuando el mercado se sujeta entre desequilibrios?
El PSPV dió un giro la semana pasada, que se expuso en la galería del Comité Nacional. ¿Acuciado por los acontecimientos? Sí. Al igual que ZP. Causa, efecto. Acción, reacción. Nada de estrategias a medio y largo plazo, de ideas vertebrales en tiempos de fractura económica. El PSPV, que ha sido incapaz durante el último año de colocar en el epicentro del debate social la crisis, tanto para dar respuesta como para exponer la incapacidad del Consell, se sube hoy al carro flamígero cuando más llamas despide. Porque el problema de Alarte se llama hoy Zapatero, que rueda cuesta abajo en las encuestas y a quien devora la crisis. ZP pide auxilio a las distintas federaciones socialistas, que ya han recibido los argumentarios al uso a fin de explicar a la sociedad las medidas del Gobierno. El PSPV cumplirá con el guión, como es lógico. ¿Es posible, sin embargo, crear un espacio propio para resguardarse de la devastación que llega desde Madrid? La sintonía con ZP es hoy enórmemente peligrosa para los intereses de Alarte. ¿Acaso la vicepresidenta Salgado, que pilota la nave desconchada, no se personó en Alaquàs en medio del anonimato, refractaria a los medios de comunicación? Quizás los asesores de Alarte le inviten a disociarse en la medida de lo posible de ZP obrando desde un imaginario autonómico y fraguando iniciativas contra la crisis como única válvula de escape. O cabeza visible contra la crisis en este trozo del mapa o a seguir la estela del naufragio de ZP.
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