Algo grave está pasando con la familia. Me bajo el calzón. Rouco Varela y sus fans, con o sin pancarta, llevan razón. Esto se quiebra, estalla en mil pedazos, se hunde. Es decir, el PP también está en lo cierto, y Mariano Rajoy y sus fans sabían, porque lo sentían como los animales perciben y se adelantan a las tragedias, lo que iba a pasar. La última en apuntarse a los augurios confirmados por la realidad es Rosa Díez —qué friqui es la gente, recordemos que también un tipo como John Cobra, que va por las calles dando lecciones de cómo dar hostias o romper botellas en la crisma del semejante y habla sobrado como el chulo del barrio, es uno de los más votados para Eurovisión—. La señora, en su faceta de bruja con bola, ve que España estalla en mil pedazos. Con un par. De tetas. Y sube en las encuestas. Yo creo que a la gente le mola el desbarre.
Quiere marcha, cachondeo. Karmele Marchante, John Cobra, Rosa Díez… La familia es otra cosa, forma parte del estrepitoso fracaso moral que nos corroe. ¿O es que alguien ha olvidado las bonitas palabras de José Ignacio Munilla, de profesión obispo, y sueldo a perpetuidad, diciendo que nuestra situación es peor que la de los pobres de Haití? Es verdad. La familia está enferma. Hecha bicarbonato. Unas familias se van con las tribus de África, hala, a perderse con los salvajes. Y otras se apuntan al cambalache, también en manos de las productoras, al grito de Me cambio de familia, y enseñan lo que hace unos años a nadie se le ocurriría enseñar. ¿Vieron el domingo el estreno en Telecinco? La cosa va de una mamá que abandona su hogar y ejerce de mamá en otro hogar. Se te queda cara de Rouco preguntándote por qué hay gente capaz de hacer esto. Y para qué.