Corrupción es quedarse con dinero que no es tuyo, pero también confundir el culo con las témporas y decir que Caja Madrid es la nueva plataforma política de Rodrigo Rato y darlo por bueno, como si uno hubiera enunciado el segundo principio de la termodinámica. No sé qué idea tendrán algunos de una entidad de crédito, pero habida cuenta (nunca mejor dicho) que a veces no entiendo los extractos de mi banco, hacerlos debe requerir cierta profesionalidad. El problema no es que Esperanza Aguirre llame hijo de puta a Gallardón, el alcalde de Madrid, eso es un ejercicio de estilo comparado con el lenguaje que suelen gastarse las marquesonas, sino el impudor y desfachatez, esa liviandad con que habla de quitar y poner consejeros en un banco donde guardan sus ahorros honorables ciudadanos.
Algo parecido ocurre con María Fernanda Valencia, colombiana apetecible que promete desnudarse ante sus electores. María Fernanda es del Partido de la U (como lo oyen: yo creía que era una letra mayúscula, pero debe ser una postura para el coito) y, francamente, para ver y no tocar, prefiero a Cicciolina, que no pudo contentar a todos, pero sí a una buena fracción de su electorado. Ésta era la auténtica Dama de Hierro.
También está el caso de Antonio Clemente, el del PPCV, que buscó y obtuvo una rebaja en la compra de su Jaguar (como dice un amigo mío: ¿Jaguar you?), nada que no procure cualquier ciudadano corriente y uno hubiera aceptado la oferta de Alfonso Rus —que se lo hubiera sacado más barato, según sus propias palabras, y que a fin de cuentas no tiene otro problema con la justicia que el que se deriva de su conocida incontinencia—, uno, digo, debe recurrir a los amigos, a cualquier amigo que no sea El Bigotes, que tiene más historial que los novios de la Pantoja. El mismo Bigotes con cuya mediación Ric Costa esperaba obtener una conselleria de Nuestro Amado Líder, pero no seguiré por ahí que éste no es un cuento de muertos, sino de muy vivos.
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