Como ya es casi de dominio público, los textos de la Liturgia en valenciano hace bastante tiempo que fueron terminados por la Academia Valenciana de la Lengua. Aún vivía D. Ramón Arnau, deán de la Seo y académico que fue de esta institución, que es como se sabe el órgano propio para la interpretación auténtica de la lengua valenciana oficial juntamente con la castellana en nuestra Comunidad.
Y digo oficial porque la Generalitat ya hace años -en tiempos de Zaplana- le confió este cometido de entregarse a la interpretación autentica del valenciano no a gente aficionada sino a doctores en Filología, la mayoría pertenecientes a la Universidad, por lo que la institución tiene verdadera autoridad científica. Habrá tal vez otros organismos privados compuestos por personas muy buenas pero que no pueden tener nunca la misma autoridad. Hablando coloquialmente, no es lo mismo curanderos por muy buena voluntad que tengan que doctores en Medicina.
Actualmente, al ver los esfuerzos de nuestro querido D. Carlos, el arzobispo, por hablar públicamente en valenciano, tenemos la esperanza de que los textos litúrgicos vayan a ser aprobados canónicamente. Porque aunque nada impedía editarlos por libre, se ha esperado para tener la aprobación de nuestros venerados pastores. Y esto no como una concesión graciosa, sino un acto de Justicia ya que, con el Vaticano II en la mano, todos los fieles que lo deseen tienen derecho a orar públicamente en una de las dos lenguas oficiales de la Comunidad.
Que piensen nuestros queridos obispos que esta medida será muy bien recibida tanto por el pueblo, que es quien más la habla. Pensemos en Xàtiva, Alzira, Gandia, Bocairent, Alcoi, Sagunt, Llíria y tantos otros, pero igualmente hacia muchos niveles intelectuales, aunque algunos no frecuenten mucho los templos, porque -¡miremos hacia todas partes!- ¿cuándo tanto el gobierno autonómico, como la tele, medios de comunicación social, la Escuela, la Universidad etc. y otras instituciones han normalizado el uso de valenciano, por qué la Iglesia queda oficialmente fuera?
Y todo lo anterior ha sido como un prólogo para hablar de otros textos litúrgicos esta vez dedicados a una colectividad social numéricamente sin comparación con nuestra Comunidad. La tribu Nambya, allá en el lejano Zimbabwe, en el corazón de África central, país en otro tiempo próspero y ahora en medio de una grandísima miseria debida fundamentalmente a la corrupción de su gobierno, por lo que únicamente las ayudas gestionadas por los misioneros lleguan a aquellas pobres gentes.. Mi siempre amigo Alexandre Alapont -juntos estuvimos en el seminario y juntos nos ordenamos sacerdotes en 1956– ha estado inconmovible cincuenta y tres años en medio de las selvas alrededor de Huevange primero y Bulawayo después. De manera habitual habla y escribe en valenciano y se presenta como «missioner valencià de l´Alcúdia».
Ahora se encuentra aquí, enfermo, entre nosotros. Puedo decir que es muy trabajador e inteligente, por lo que hace años se embarcó en la aventura difícil de traducir a la lengua nambya todo la Biblia y el Misal. Me dijo: «vull que puguen fruir la Paraula de Déu en la seua pròpia llengua. No trobava les paraules adequades i vaig tindre que organitzar una mena de gramàtica». Increíble, ¿verdad?, algo parecido a lo que hicieron Fray Juan de Zumarraga y otros misioneros españoles respecto a las lenguas incas y mayas en las Américas en el siglo XVI.
Mañana miércoles 10, a las 19, 30 horas, en Avellanas, 22 de Valencia presentará su obra grande. Creo que debiéramos acudir todos los que podamos como muestra de apoyo a la labor misionera y civilizadora de la Iglesia en las desgarradas tierras africanas. Pero igualmente como gesto que manifieste el deseo de que también nosotros tengamos ya los textos litúrgicos canónicamente aprobados como la pequeña tribu Nambya en Zimbabwe.