Los fenómenos extremos de este invierno, entre los que destacan las bajas temperaturas, las precipitaciones cuantiosas tras períodos de sequía o la nieve en cotas muy bajas, casi próximas al mar, no sirven para poner en duda las evidencias de calentamiento global, promovido por las emisiones de efecto invernadero generadas por la acción humana. El investigador José Antonio Carreira, director del grupo de investigación Ecología forestal y dinámica del paisaje de la Universidad de Jaén, destacaba hace unos días que este tiempo no contradice las alertas sobre cambio climático, al contrario, «apoyan la observación de tendencias hacia un incremento de su variabilidad tanto a lo largo del año como interanualmente, a la vez que el aumento de la probabilidad de eventos extremos», según las declaraciones recogidas por la Plataforma Sinc. Los científicos de este grupo han escogido ecosistemas especialmente sensibles al calentamiento planetario —como el pino salgareño de Cazorla, los pinsapos de Málaga y Cádiz o el pino silvestre de Sierra Nevada— para describir tendencias de cambio climático.
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1956 Se registra en Zaragoza una racha de viento de 155 km/h.
1991 Cuatro personas muertas y una herida en Astún (Huesca), por un alud.
En la Grecia clásica a los vientos les dieron un carácter mitológico y asignaron a cada uno de ellos el nombre de un dios menor. Eolo, hijo de Poseidón, gobernaba sobre todos ellos desde su morada en las islas Eolianas.
Dicho popular
Febrero febrerín él más corto y él más ruin.