Ayer abrió sus puertas una nueva edición de Cevisama, la feria del azulejo. Pero no se trata de una edición cualquiera: tras el nefasto año 2009, con caídas de 40% en la producción y del 25% en el empleo, el sector afronta un ejercicio con la perspectiva —y también la esperanza— de encontrar una estabilización que ponga freno a la destrucción de puestos de trabajo y suponga un repunte en sus ventas, sobre todo en el exterior. La exportación ha sido tradicionalmente el punto fuerte de la industria azulejera castellonense, por lo que los atisbos de reactivación que empiezan a vislumbrarse en algunos países europeos pueden tener una repercusión muy positiva sobre el conjunto de la economía castellonense, en particular, y la de la Comunitat, en general. Porque el monocultivo industrial que en la práctica representa el azulejo para Castelló supone un riesgo que se ha hecho evidente con esta crisis: de ser una provincia con pleno empleo técnico, en poco menos de dos años ha pasado a tener una tasa de paro superior al 20%.
Por eso, la importancia de ferias como Cevisama, que pese a todo, representa un escaparate de primer orden, se mantiene en pleno vigor. Allí, un año más, el sector presenta unas novedades marcadas por la innovación y el diseño, dos aspectos que sus responsables cuidan especialmente para hacer frente a la dura competencia china e italiana. Y con las que han conseguido mantener su puesto destacado en la exportación española.