Leo el titular de Levante-EMV, «la mitad de la industria tradicional carece de futuro», según el análisis de distinguidos profesores universitarios y significados empresarios valencianos, en la presentación del estudio sobre, La globalización y su incidencia en los sectores manufactureros tradicionales, de la Cámara de Comercio de Valencia, lo que invita a hacer algunos comentarios.
La causa de la crisis actual no es otra que la deuda pendiente anterior. Si el Código de Comercio hace ya décadas advertía que se debe actuar con la diligencia de un buen padre de familia, los gestores públicos y privados, incluidas las familias, no lo hicimos en esta ocasión con la diligencia y precaución necesarias. Alentados, incluso por las propias entidades financieras, por el dinero fácil y la rentabilidad elevada, invertimos más allá de lo conveniente, y abandonamos actividades, y sectores, que en el pasado nos habían llevado precisamente a la situación de prosperidad de la que hasta hace poco disfrutábamos.
Este año se cumple precisamente el 40 aniversario de la publicación en 1970 de L´Estructura económica del País Valencià, dirigida por el profesor Ernest Lluch, que orientaba sobre la evolución de los diferentes sectores de nuestra economía, y, desde entonces a nuestros días, las cosas han cambiado y de qué forma. Si hoy se redactaran nuevamente aquellas líneas, la construcción y el sector servicios -por otro lado también necesitados hoy de los correspondientes planes estratégicos- pasarían a ocupar la mayor parte de las páginas. En cuanto a los sectores que fueron característicos de la economía valenciana, agrícola primero e industrial después - los denominados sectores manufactureros tradicionales- requieren de una urgente actuación para ver de recuperar el protagonismo perdido.
El modelo económico valenciano, fundamentalmente, industrial y exportador, de PMEs, tradicionalmente de bienes de consumo, intensivo en mano de obra, que ha venido funcionando con éxito desde los años 70, se ha visto amenazado por la globalización y, en pocas palabras, por su menor competitividad, como recientemente se ha puesto de manifiesto, también en estas mismas páginas, por el estudio sobre El desarrollo del Arco Mediterráneo Español. Trayectoria y perspectivas, elaborado por el IVIE.
Por otro lado, hace unas fechas recientes, desde diferentes medios económicos y desde las propias organizaciones empresariales, CEV, AVE, y Cierval, a través de los planes de competitividad sectoriales, a lo que también se han sumado las organizaciones sindicales, CC OO y UGT, se ha venido hablando, y en ocasiones postulando, sobre un nuevo modelo económico, o, lo que viene a ser lo mismo, los cambios necesarios en el actual modelo que garanticen la viabilidad del mismo, la continuidad o diversificación de los diferentes sectores, y el mantenimiento o adaptación de los actuales puestos de trabajo a la nueva realidad social.
El actual modelo valenciano continúa estando basado en la especialización de empresas dentro de un mismo sector en el término de una comarca, lo que conforma un modelo de organización válido, en busca de la dimensión óptima, si se aprovechan las enormes posibilidades de la cooperación entre ellas facilitada por su proximidad geográfica y por la propia configuración del «cluster» sectorial. Se trata, como es sabido, de un modelo de distritos industriales autóctonos, con vinculación al territorio, que es posible mantener siempre que ello vaya unido a inversión productiva en infraestructuras, físicas y tecnológicas; cualificación y formación del capital humano; e investigación y apoyo estratégico a la comercialización.
Diversas voces se han manifestado recientemente en un sentido análogo y hora es ya de que se den pasos para zanjar la deuda pendiente en la crisis actual, para lo cual los diferentes sectores económicos, deben acentuar, como condición necesaria, la competitividad de las empresas, lo cual será suficiente si por la administración y por las organizaciones empresariales y sindicales se avanza en abordar las reformas necesarias para alcanzar una dimensión óptima que les permita las economías derivadas de su mayor tamaño en la gestión, cooperación, diversificación e internacionalización empresarial.
A las empresas es pues a las que hay que alentar, y ayudar, por parte de las organizaciones sectoriales y la administración, para que aborden sin tardanza las reformas necesarias, sin más límite que la propia eficacia de las medidas a adoptar, lo cual requiere -cuarenta años más tarde de la publicación de la obra arriba citada- una política económica consecuente, es decir, ajustada a las necesidades y posibilidades de los diferentes sectores y empresas valencianos.