A un amigo fascinado con las conspiraciones del Club Bilderberg le dije que no creía en algo tan inocente. Igual digo de la conjura contra los países débiles. La conjura de verdad es sistémica, y no tiene caras. Eso de que una élite de analistas e inversores decide ir en manada para sacar las tripas a un país no encaja, porque no hace falta. Los expertos en software y virología no se han puesto aún a estudiar la lógica profunda del sistema draculino, la inteligencia que lo mueve sin teclado ni operador. El motor se alimenta de sangre y sudor ajenos, y le da igual de dónde venga: beneficios legales, especulación, robo sin más, depredación, vicio, guerras. Filtradas las impurezas, todo vale de combustible. Los mercados son un yacimiento inagotable y el sistema sale a él cada día a buscarse la vida, chupando sangre donde más fácil la encuentra. Grecia o España simplemente estaban ahí.