De sexo ni hablamos

Cruz Sierra

 05:30  

Se lo están pidiendo todo el país, con el Rey Juan Carlos a la cabeza y muchos republicanos a su costado. Pero se resisten. El PSOE porque le aterra perder el poder y el PP porque le espanta no alcanzarlo. Tal vez opinan que la situación no es tan extremadamente grave como aseguran los expertos de toda piel. Si es así, que lo digan y nos despreocupamos... A ambos les asiste el derecho, pero están siendo escasamente generosos con 45 millones de españoles que no se acaban de creer lo que les está ocurriendo. Millones de parados, cierre masivo de empresas, falta de crédito y la atención mundial hacia si España está o no al borde la suspensión de pagos. Los líderes de opinión de uno y otro bando se aferran a la Constitución, unos para clavarse al suelo y no moverse y otros para permitir que la situación se pudra y les llegue el turno. Pero sólo les queda una salida airosa: mostrar su honor como dirigentes de un Estado camino de la perdición y su generosidad como miembros de la sociedad a la que pertenecen. De lo contrario y dada la evolución de la economía nacional, sólo podrán gobernar miseria y rencor. Antes deben provocarse algunos cambios previos en su vigente disco duro mental (duro-duro). Por ejemplo, la derecha pura tendría que enfriar sus obsesiones evitando -al menos de momento- tensar la cuerda y crispar a la población exigiendo compulsivamente la dimisión de Zapatero, líder legítimo de la mayoría parlamentaria y al que las encuestas tampoco presentan tan desprovisto de apoyo popular como algunos intentan hacer creer. Por su parte, la derecha más centrada, la que controla el rumbo del PP y representa Mariano Rajoy (el «poli» bueno) junto con Dolores Cospedal (la «poli» mala), debiera acceder a negociar sin condiciones previas, es decir, sin condiciones. Y convencer al patio de butacas de que realmente tiene voluntad de llegar a pactos con los socialistas, todo un handicap para los habitantes de la calle Génova.
Por su parte, el PSOE debiera asumir -o «interiorizar», como dicen los manuales de autoayuda-, que ha errado estrepitosamente en el buen gobierno de este crash nacional. Las cosas como son. Sí, ha sido un fenómeno global y la todopoderosa industria financiera actuó erróneamente (lo que fue bueno para para bancos y cajas no lo fue tanto para el país). También fallaron los empresarios (no todos, claro), pero sobre todo falló un débil Gobierno a quien correspondía dirigir con armonía la gran orquesta nacional que lleva tres años desafinando estruendosamente. Acepten los socialistas que tal vez el electorado les invite a abandonar el poder antes de tiempo (siempre es «antes de tiempo» situarse en la oposición para un gobernante). Lo alcanzaron por una dolorosa chapuza de sus antecesores, llevan seis años con sus luces y sus sombras subidos a la moto -y desde luego, sin el gran cambio prometido, matrimonios gays aparte: las desigualdades no se han reducido- y ahora –el voto decidirá-, puede que deban apearse de ella. Siéntense a negociar igualmente sin condiciones (sin olvidarse de consultar à gauche, como el PP hace à droit). Tal vez así se den las condiciones para un acuerdo que sólo puede ser bueno para todos.
Pero si todo lo anterior es prácticamente imposible, de convocar posteriormente unas elecciones generales de las que surja un gobierno de coalición presidido por el vencedor, ni hablamos.

Cuentas autonómicas: la tormenta perfecta. Mientras ello se produce, o no, buscaremos impedir que el gran bosque de la crisis nacional nos impida seguir observando las hojas de nuestra propia debacle local. El pasado 5 de octubre, en este mismo espacio («Camps contra Camps»), analizamos el fuerte compromiso adquirido por el presidente de la Generalitat acerca de la austeridad necesaria en el Presupuesto autonómico correspondiente a 2010. Una apuesta seria por mostrar a los valencianos el camino a seguir, el del sacrificio y el trabajo. Ha pasado un cuatrimestre y ya se puede asegurar que aquellas excelentes intenciones duermen el sueño de los justos. Ni congelación de los costes laborales de la Administración autonómica, ni reducción de los gastos corrientes (sólo alguna que otra subvención a colectivos molestos o antipáticos), ni de los gastos generales de funcionamiento y tampoco -ni mucho menos- se ha iniciado proceso alguno de racionalización del sector público, los cuatro pilares económicos sobre los que se apoyaba el plan del Gobierno Camps para enfrentarse a la crisis. Y todavía tenemos que escuchar al otro Camps, Gerardo, criticar el plan de austeridad presentado por el Gobierno central, «porque este ajuste supondrá recortar necesariamente el gasto que el Gobierno valenciano destina a partidas sociales». ¿Cuáles, señor Camps, Gerardo, las dedicadas a la Ley de Dependencia, o a las transferencia a los colegios concertados ultrareligiosos?
Item mas. El balance de las cuentas públicas de la Generaltat correspondiente a 2009 debería haber sido hecho público por el Consell -vía Intervención General- antes de hoy mismo, 15 de febrero, tal y como estipula el artículo 48 de la Ley de Hacienda («¿Leyes? ¿qué leyes?»). Aún no podemos hablar con propiedad, pues, del nivel de déficit alcanzado en 2009, pero según algunos expertos, el desequilibrio en las cuentas públicas del año pasado dudosamente bajará de los 2.000 millones, si es que no se acerca más a los 3.000. Dicen desde la oposición que las arcas públicas quedarán definitivamente vacías este año en abril o mayo. Quién sabe, ojalá se equivoquen, pero el presidente Camps debería maniobrar de algún modo porque a su alrededor se le está creando la tormenta perfecta a un año de las elecciones: paro creciente, deuda y costes financieros galopantes, déficit fuera de control... Difícil situación para él. Pero peor para los valencianos.

Hay vida en la Diputación. Ahí le queríamos ver al jefe de la oposición socialista en la Diputación, Rafael Rubio, marcando la pauta frente a los enjuagues de un Ejecutivo agónico que cambia e intercambia partidas presupuestarias cual trilero desesperado. Rubio había transcendido una percepción sobre su figura de cierto acomodamiento en su exilio dorado en la 'dipu' desde que fuera expulsado del banco municipal. Pero como genuino self made man es capaz de espolearse a si mismo para salir de la apatía. Su certera denuncia (junto a Cristina Moreno) sobre el traspaso de fondos -300.000 de nada- desde la Diputación hacia la enésima fundación sin contenido de la Generalitat -Gestión y Eficiencia Empresarial (¡?)- es un modelo del trabajo opositor como policía de los desmanes del gobernante. Dicho lo cual, falta por averiguar en qué puñetas está utilizando tales fondos esa Fundación cuyos patronos son Gerardo Camps, los hermanos Vela y un viejo conocido, Antonio Lis, que continúa agazapado en el edificio Luccini sin que se sepa muy bien qué hace, o deja de hacer. A ver, que lo cuenten, que el dinero es de los contribuyentes. La versión pública de que los objetivos de la «cosa» son «facilitar la colaboración entre los ejecutivos valencianos y promocionar sus productos en los mercados emergentes» daría ganas de reír si no fuera porque las da de llorar por la tomadura de pelo.

Periodista. cruzs@arrakis.es

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