Ya no hay vuelta, estamos atrapados en la red, y donde hay una red, antes o después aparece la araña. La araña no tiene prisa, nunca se precipita sobre la mosca nada más ha quedado pegada, deja que se reboce bien de hilos pegajosos, que luche hasta quedar exhausta. Entonces empieza a mover sus patas hacia la presa. Con la red en la que hemos quedado atrapados ocurrirá lo mismo. Cada vez que pinchamos un enlace, o damos una palada de remo en la navegación, estamos dando cuenta de nuestro carácter, impulsos, secretas voliciones, gustos, intereses, manías, pequeñas perversiones. Eso sin hablar de las grandes, el que las tenga y las haya mostrado en la red. Toda esa información, respecto de cada uno, permite trazar un perfil completo de nuestro ser interior, ese que se resguarda tras la máscara de la persona. Nadie sabe ya más de nosotros que la red, y antes o después se moverá la araña.