Que estamos ante una crisis económica ya no lo niega nadie. Y que en la piel de toro sopla con mayor virulencia que allende los Pirineos tampoco. Y que, además, se está generando a la carrera una pérdida de confianza y credibilidad en el Gobierno también. A muchos ciudadanos/as les parece que el Ejecutivo actual peca de «bisoñez» y, en consecuencia, de improvisación. Dan la impresión que no saben por dónde van ni qué hacer. Están desbordados. Es cierto que posiblemente estemos ante la crisis más profunda de nuestra historia reciente, pero eso no justifica la incompetencia. La paradoja es que la posible alternativa al Gobierno actual tampoco genera demasiada confianza.
La ciudadanía estamos viviendo una dramática perplejidad ante el agravamiento paulatino de la situación, sobre todo el hundimiento de la situación laboral. Por otro lado las salidas políticas, a día de hoy, son complicadas. Una moción de censura o un anuncio de elecciones anticipadas incidiría mucho más negativamente en el estado actual de las cosas. Primer callejón sin salida. Por eso los ciudadanos se preguntan: ¿Desde todas las instancias se está haciendo lo correcto para salir del túnel? ¿Las medidas tomadas y anunciadas por el Gobierno son las más adecuadas o, al menos, las menos inadecuadas?
Si la prioridad de la clase política sigue siendo el bien común, y en nuestro caso concreto, afrontar con seriedad y rigor el problema del desempleo: ¿Acaso el sistema democrático y sus cadencias electorales no pueden generar una alternativa viable para encontrar soluciones a este cáncer social? ¿No sería posible crear una plataforma de consenso y colaboración leales de todos los partidos? Esto podría ser el inicio de la recuperación de la deteriorada imagen de los políticos. No olviden que se han convertido en el tercer problema de los españoles. Generosidad y voluntad política en cantidades industriales serían necesarias. Pero ni el PP ni el PSOE parecen dispuestos a ello, a pesar de que el Rey parece intentarlo… ¡Qué mal estará la situación!
En la Comunitat Valenciana la crisis se vive de un modo particular. Uno se pregunta si estamos en crisis para el estamento gubernativo. Por un lado, nuestra mesa siempre está dispuesta para acoger lo que sea con tal que salga en la tele. Critican que Zapatero se marche a rezar a Estados Unidos, pero ¿a qué ha ido a Nueva York, recientemente, el presidente de la Generalitat? ¿Cuánto ha costado el viaje y cuánto ha vendido? En tiempos de crisis sólo se sale a vender y a tiro hecho, punto. La perplejidad es que, por otro lado, somos una de las comunidades más endeudadas y la campeona del paro. Se me olvidaba, evidentemente, esto por culpa de Zapatero. Y las medidas del Gobierno valenciano para paliar la crisis no llegan ni a los suyos. Y lo saben.
Mal asunto cuando a los ciudadanos nos ponen en un callejón sin salida, ya que por estos lares la oposición mayoritaria todavía no pita.