El dedo corazón está de moda. Aznar lo sacó a pasear el otro día desafiando a los rebeldes con causa que lo increparon en la Universidad de Oviedo. Pero el dedo corazón siempe ha salido a pasear por según qué zonas, más íntimas y menos concurridas, a veces, que un aula. Zonas masculinas y femeninas; en los cuerpos, ay, de ellas o de ellos. Pero lo había hecho sin mapa ni orientación, tal vez a la buena de Dios. Del Dios Venus, quizás.
En estos tiempos en los que después de la luna tenemos ya casi radiografiado Marte no teníamos cartografía del clítoris. Hasta que ha llegado Bibiana Aído, ministra de Igualdad, para solucionarlo. Su departamento ha subvencionado con 26.597 euros, según el Boletín Oficial del Estado, un proyecto que se denomina «Elaboración de un mapa de inervación y excitación sexual en clítoris y labios menores». La primera conclusión no es que no conocemos nuestros clítoris, si no que no veas cómo viene de calentito el BOE. Y que ya no vale aquello de que no da noticias. Ahora, no veas si las da.
La derecha más derecha ha visto en esto un asunto censurable, claro. Y trata de imponer su visión no por clítoris, más bien por huevos. Puede sonar a derroche este estudio, no sabemos, tal vez es en pos del progreso científico anatómico, pero no nos damos cuenta de que, en realidad, lo que quieren es sacar a flote nuestra estirpe de explorador en estos grises tiempos de crisis en los que más de uno opta por quedarse en casa. En una casa incluso en la que no haya clítoris que explorar o auto explorar.
Bibiana Aído ya sabía que venía al Gobierno a ser blanco de críticas. No sabemos si metiéndose en nuestras excitaciones, o en nuestras aficiones, que diría Woody Allen, se ha ganado a pulso ese papel. El macho ibérico, una de las vertientes más patéticas del catálogo de fanfarrones mundiales (corrector se empeña en poner nupciales) se ha preciado siempre de conocer el clítoris y hasta el ignoto punto G como la palma de su mano o la salita de estar. Quizá. Tal vez Igualdad quiera desenfanfarronarnos a todos, mostrarnos el mapa de nuestra propia ignorancia. O tal vez tenemos la izquierda más intervencionista y uniformizadora del globo: un mapa común de lo que es un territorio tan íntimo y variado. Uno por mujer, nada menos. A esto no se atrevería ni Hugo Chávez. Habría que presentarle a Bibiana.