Las sucesivas borrascas que han alcanzado la península Ibérica han favorecido tanto en la franja mediterránea como en las islas Baleares un estilo de lluvia al que estamos poco acostumbrados, aunque tampoco sea inusual en estas fechas. Las precipitaciones desde principios de año en nuestro territorio nada tienen que ver con la torrencialidad típica de principios del otoño que causa inundaciones o avenidas —similares a las ocurridas esta semana en Andalucía—, debido a que las bajas presiones llegan a este más desgastadas. Esta cadencia continuada de precipitaciones, más bien uniformes, es muy beneficiosa para el medio natural, ya que ayuda a la recarga de acuíferos y beneficia las masas forestales, mientras que mejora las condiciones de vida para la flora y la fauna. En el caso de zonas incendiadas recientemente, también contribuirán a la restauración del suelo, al contrario que las lluvias torrenciales, que tras este tipo de siniestros arrasan la capa del suelo más fértil e incrementan la erosión. De hecho, el microclima de los suelos es fundamental para la restauración de los ecosistemas afectados por fuegos.
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