El Reino Unido también tiene ministra de Igualdad, pero con talento. La controvertida Harriet Harman, número dos de Gordon Brown en las filas laboristas, sentencia un día que «la BBC no permite que las mujeres envejezcan» y, en su última cruzada, abomina contra el término chairman o presidente, porque considera inaceptable el sufijo masculino -man. La diferencia con las feministas españolas radica en que no persigue la equiparación apoyada en la fórmula chairwoman o mujer presidente, sino la amputación en chair, el trono con independencia de su ocupante.
Harman se apoya en la invariabilidad del artículo determinado inglés —the es el, la, los o las— para neutralizar la diferencia de género. En cambio, las defensoras españolas —en inglés tampoco habría diferencia con «los defensores españoles»— de la supresión de jerarquías sexuales propenden a feminizar las palabras con mayor o menor fortuna. Las «miembras» de Bibiana Aído, herederas de las «jóvenas» de Carmen Romero, serían indistinguibles en el idioma de Shakespeare y de los hooligans, donde se disuelve el problema entre presidente y presidenta. Las inglesas no quieren distinguirse como juezas, aspiran a uniformarse en jueces.
El combate de la homogeneización anglófona frente a la escisión hispana se plasma en contradicciones. Las profesionales de la escena castellana abrazan el término actriz, frente al masculino actor. En cambio, el gremio sajón desprecia por discriminatorio el diferenciador actress. Las actrices anglosajonas exigen ser actors, y así son denominadas por consenso. Lo mismo vale para poeta y poetisa. También aquí, la ventaja de Penélope Cruz es que no se necesita llamarla actor ni actress.
Más allá de su fijación con las heridas del lenguaje, Harman debería concentrarse en que las ministras —o ministers— de Brown alcanzaran la paridad española en número, además de en nombre. La situación empeora en Francia o Italia, donde se restringe incluso la mutabilidad del artículo. «El abogado Patrizia» o «el ministro Sophia» son frases que sorprenden a un lector castellano.