El malestar en la cultura era un fantasma que recorría nuestra comunidad. Ahora, los actores han firmado un Manifiesto y el fantasma se ha puesto por escrito, ha tomado cuerpo y concreción y se ha hecho público: como denuncia de una situación (cierre de salas, desmantelamiento del Circuit Teatral…) y banderín de enganche para compañías que agonizan y actores y actrices sin trabajo. Frente a las críticas que recoge el Manifiesto y al malestar generalizado de la profesión, la respuesta del PP, en las palabras de Isabel Bonig, supone una amenaza intolerable, un chantaje y, por lo tanto, una ofensa. «Están mordiendo la mano que les da de comer», ha estampado la susodicha. Ya es delito que a quien se manifiesta por la mera subsistencia se le exija el ronroneo de los estómagos agradecidos. En lugar de un argumento en contra, la amenaza de un bastonazo.
¿De qué son responsables? Llevamos dos legislaturas (por decir algo) con el catecismo del victimismo bien aprendido: si hubo algo que funcionó, el mérito es nuestro; y de todo lo malo la culpa la tienen Zapatero y el gobierno socialista. Tampoco son responsables de «las presuntas anomalías e irregularidades económicas, contables y financieras» que investigan los tribunales: todo, todo, todo dependía del PP de Madrid. Incluso ahora que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana traslada la carpeta al TSJ de Madrid para que siga investigando la financiación del PP, hablan de carpetazo y el presidente Camps se permite calificar el caso Gürtel de «ruido exterior» que le «distorsiona el trabajo». Termine como termine este asunto, algo ha quedado patente: la heteronomía valenciana está en manos de irresponsables. Sólo dan un paso al frente para decir: «Ha sido él».
La Agencia Espacial Europea ha decidido instalar un laboratorio de verificación de satélites en Valencia. Y no ha sido porque sí. Se trata de una decisión que responde a la calidad del trabajo realizado por los equipos de investigación de la Universitat Politécnica y de la Universitat de València y al apoyo de la Generalitat y el Ayuntamiento. Parece, pues, que además de ser objeto de admiración con las regatas y la fórmula 1, los valencianos también podemos ser sujetos de admiración.