El PP ha endurecido el discurso contra el Gobierno. Ayer el secretario general, Antonio Clemente, condensó el rosario de agravios contra Zapatero, que es una de las banderas de la formación política valenciana. Así, según el PP, los socialistas han terminado con el sueño de los vecinos de El Cabañal, con la tradición histórica de la caza del parany, con les «mascletaes» y con el turismo valenciano, tanto por su negativa a mantener los restaurantes de playa «como por la posibilidad de instalar plataformas petrolíferas en las costas valencianas». A la lista de agravios sumó el PP la financiación autonómica, el agua, el no reconocimiento del aeropuerto de Castelló, la negativa a financiar el AVE a Benidorm o el rechazo a acelerar el tren Gandia-Denia. El PP extrae excelentes réditos electorales sobre ese marco referencial que despliega sobre la opinión pública. Sin embargo, a fuerza de combinar material de todo signo en la coctelera, la sustancia última desprende una cierta incredulidad. Hay proyectos que el Gobierno tiene en marcha, algunos que ha deshechado presentado alternativas y otros en los que debería concentrar sus esfuerzos para desarrollarlos de una vez por todas con mayor diligencia. Estos últimos son conocidos. Tanto en el apartado de obras públicas como en el de la financiación. Pero se aleja del rigor –y quizás del respeto a la opinión pública– mezclar responsabilidades que emergen de Europa con asuntos propios y exigencias justas en una mixtificación cuyo último objetivo apunta más a las urnas que a la sensatez reivindicativa.