La confusión sobre las fusiones de las cajas ordenadas por el Banco de España para superar de la forma menos dolorosa el ajuste, que forzosamente tendrán que realizar las entidades financieras, ha vuelto con renovado estrépito al panorama político. Esta vez, el germen de la bronca iba dentro de las propuestas que llevó el miércoles el PP a la mesa que discute un posible pacto global contra la crisis. Según ha trascendido, C. Montoro proponía la creación de cajas de ámbito nacional para facilitar las alianzas entre entidades de distintas comunidades, lo que viene a sumarse a los planteamientos del Gobierno y del Banco de España, pero también choca directamente con las estrategias iniciadas o planteadas por dos barones autonómicos significativos como Núñez Feijóo o F. Camps. El primero tiene muy avanzada la fusión de Caixa Galicia con Caixanova, con una fuerte oposición desde la ciudad de Vigo, sede de esta última. En el caso de la Generalitat Valenciana, la diferencia de criterio con el planteamiento del PP en la reunión del palacio de Zurbano es también palmaria desde que a finales de verano Gerardo Camps y en el mes de noviembre Francisco Camps hicieron manifiesta su opinión contraria al acuerdo entre una caja foránea y una valenciana y presionaron para fusionar CAM y Bancaja. El Consell mantenía ayer, no obstante, un prudente silencio. La prudencia y sigilo necesarios que deberían tener los protagonistas de este enredo y que no ha existido hasta ahora.