Causa tristura, que no melancolía, sino convocatoria a hacerle frente, el in crescendo de una derechona resonante a retrofranquista. Verbigracia, el intento de linchar a Garzón, o las recientes declaraciones del coronel Ángel Adán en Levante-EMV, equivalentes a un tratadillo de militarismo antidemocrático. Veamos algunas de las perlas adanianas, que empiezan con la II República, «la cual se instauró por la fuerza de un golpe» (¿aprueba así la traición y rebelión de 18-7-36?). Añade: «la República no tuvo una llegada democrática y feliz». ¡Infeliz historiador don Ángel!: parece creer que la República llegó a tiros. (A tiros llegó la monarquía borbónica con Felipe V, Alfonso XII, Juan Carlos I...). Remata con ignorancia supina: «La República no fue aceptada realmente por nadie»; y, además, «insisto, no fue democrática».
Tira también don Ángel a justificar el terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad de fusilamientos y «desapariciones» franquistas los años en que el césar-marroquí-bajo-palio y sus secuaces andaban convencidos de que Hitler ganaría la guerra. Adán justifica esa mansalva de asesinatos en que «muchos de los fusilados, por no decir su inmensa mayoría, tenían las manos manchadas de sangre».
Explica también, con parecida solvencia intelectual, lo dichosos que éramos durante la dictadura militar-católica-fascista-bonapartista de Franco: «a partir de finales de los años 50, muy pocos, por no decir ninguno, pueden quejarse de nada». Y en cuanto al sistema autonómico: «la mayor parte de los militares vimos el Título VIII de la Constitución con profunda decepción (…) veíamos las autonomías como un peligro».
Respecto al 23-F: «jamás se sabrá lo que ocurrió». Parece lo que él querría. ¿Piensa que somos tontos y no sabemos atar cabos, sacando conclusiones y deducciones? Lo que más, diríase, duele a don Ángel del 23-F no es la evidencia del terrible atraso democrático hispano respecto a Europa occidental, USA, etc., no es lo grotesco de esa «tricornada» decimonónica a tiros y «se-sienten-coño» o el subsiguiente Consejo de Guerra controladito desde la Zarzuela, la Moncloa, etcétera, los cargos políticos dando instrucciones a jueces y fiscales. Lo que duele hondamente a don Ángel es que el 23-F sirvió de «excusa para constreñir al Ejército a una función técnica». ¡Hermosa confesión de rancioso militarismo, de ansia de «poder militar»! Remacha el desolado coronel: a partir del 23-F, «se ningunea al Ejército en beneficio del poder civil del Ministerio de Defensa». (Documéntese sobre qué ocurre en Alemania, Francia, Holanda, Estados Unidos...)
Tocando a la Memoria Histórica, «la denominación de la Ley de la Memoria la hace dudosa y sesgada». Es, por ende, «una ley innecesaria, sectaria, que sólo sirve para revivir unos dolorosísimos hechos». Y «la retirada de símbolos del Ejército» —del Ejército de media España, que hizo morir, dijera Machado, a la otra media— es, para Adán, «una ofensa gratuita, grave e inexplicable, uno más de los numerosos agravios recibidos» por los militares de los Gobiernos democráticos.
¡Ah!, y Franco es «el general de más prestigio en el Ejército español del siglo XX» (¡el más asesino, hombre!). ¿Sabrá el brillante historiador Adán quién fue el general valenciano Vicente Rojo Lluch?
Profesor de Derecho Constitucional, presidente de Unidad Cívica por la república