Nada menos que la crisis global. Es más, diría que uno de los dos países, EE UU, fue el catalizador de todos los baches económicos del momento con su arriesgada política financiera, de poco control de solvencia, que revelaba el impago en sus créditos y préstamos y que desató el desastre de las subprimes y tras ellas el caos económico.
Por otra parte, España recibe este envite económico con cierta serenidad por parte de instituciones financieras, cuyo comportamiento es bastante más conservador exigiendo avales y que a veces se pasa, pues por no correr riesgos por parte bancaria, puede llegar a obstaculizar el proceso de recuperación, como está pasando. No obstante, teníamos el handicap de un gobierno más preocupado por asuntos exógenos a la crisis, a la que negaba porque molestaba, como desideologicar al país, pero ponerlo a punto en cuestiones de prácticas sexuales desde temprana edad.
Así, los peligrosos activos tóxicos —de casi imposible cobro— con la libre circulación de capitales se introdujeron en nuestra corriente financiera y tuvieron que compensar a los bancos con cientos de millones de euros de dinero público, como en EE UU lo hicieron con dólares —recordad las peticiones de Obama a sus congresistas—, cosa que aquí no fue necesario, si no decisión del gobierno. De todas formas, fue una medida que evitó, en parte, el desastre, porque no se podía dejar derrumbarse parte del sistema bancario. Pero los demás países, incluidos los europeos, optaron a la vez por tomar medidas de envergadura y contundentes, que ya están causando resultados positivos de crecimiento, mientras que en la España diferente se dan medidas surrealistas, por no ser soluciones de transcendencia futura.
En EE UU la recesión empieza a ceder gracias en parte a la rapidez y agilidad de su toma de decisiones. Se inicia la carga contra los imprudentes bancos y también la revisión del sistema financiero, tratando de consolidarlo con prácticas más estrictas. Pero seguirá una elevada tasa de endeudamiento familiar y el mercado laboral en plena recuperación, pero con el claro lastre de la gran masa de parados de larga duración. La vivienda sufre una sobreoferta agravada por las hipotecas impagadas, cuyos inmuebles vuelven a salir al mercado por acción de los bancos que se los quedan. Se pueden preguntar ¿por qué en nuestro país los bancos no sacan los inmuebles que requisan a impagados? Esperan a que suban.
Aquí hay una sensación de mejora, ya que las ventas ralentizan su caída con un ligero repunte de la demanda, por un aumento suave de la confianza en los consumidores. Seguimos lastrados por lo bajo de la demanda y problemas de competitividad además del paro aplastante que todo lo distorsiona por su gravedad. Dos leyes, de Economía Sostenible y Economía Social —Economía non profit que comprende desde las cooperativas a las ong— ¿Podrán solucionar el paro más que una empresa?
Miembro de la REAF y de la junta de gobierno del COEV