El transistor de Silicio, responsable del avance sin precedentes asociado a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), nace en 1947 (a sus inventores se les reconoció con el Premio Nobel de Física en 1956). En el mismo año, Orwell escribe su novela 1984 en la que un Gran Hermano tecnológico, siempre vigilante y omnipresente, irrumpe en nuestras vidas limitando nuestra libertad a través del conocimiento de la información, utilizando métodos totalitarios y represores. Curiosa coincidencia temporal la del singular y determinante avance tecnológico con alguien, adelantado a su época, que nos previene de algo que, si no se toman las acciones reguladoras que impidan el uso abusivo y fraudulento de las capacidades tecnológicas de la innovación, termina utilizándose contra las libertades individuales del ciudadano.
Con la capacidad de proceso y almacenamiento incorporada a los sistemas de comunicaciones y un poco de inteligencia, la predicción de Orwell puede hacerse realidad hasta en los sistemas más sencillos. Pongamos un ejemplo que fije las ideas en algo concreto, tan simple como el sistema de tarificación de una centralita telefónica digital.
Supongamos una institución con unos cuantos miles de trabajadores. Hoy día es imposible realizar determinados trabajos si no se está conectado con el resto de trabajadores de la institución y, a su vez, con conexión al exterior. Pues bien, finalmente la interfase que facilita esta conexión es un terminal, fijo o móvil, asociado biunivocamente al trabajador. Es decir, al final existe un código numérico o alfanumérico, con su equivalente código binario, que identifica al usuario.
El usuario recibe o realiza comunicaciones con otros usuarios a través de un nodo de comunicaciones (centralita digital) que no es más que un ordenador especializado en el que residen una serie de programas que permiten la gestión de dichas comunicaciones.
Con programas muy sencillos, el Gestor del Sistema, o sus superiores jerárquicos, si es que es de su interés, pueden determinar el club de amigos del usuario y con qué frecuencia los contacta. Teóricamente el usuario puede contactar, al menos, con todos los demás usuarios conectados a su Red Local. La realidad es que el usuario normal, utilizando el lenguaje de Redes Sociales, contacta con sus favoritos habitualmente.
Con ello, las capacidades tecnológicas del sistema que, utilizando métodos cuantitativos, permiten visualizar el panorama de conectividad real de un colectivo y así racionalizar su uso (disminuir el gasto, detectar los abusos si los hubiera, etc.), pueden ser utilizadas para fines muy distintos de los que pensaron sus diseñadores. Una centralita digital, que está pensada para facilitar la comunicación entre los usuarios de un área local, puede convertirse en una poderosa herramienta de control y diseño de estrategias de actuación para influir y controlar al individuo.
Con este ejemplo quiero demostrar lo que la tecnología y el tratamiento de datos almacenados permite hasta en los casos más sencillos. Si esto es así con los datos de tarificación de una central telefónica, imagínense qué se podría hacer con la ingente cantidad de datos personales recopilados en las redes sociales creadas en Internet. Si la herramienta cae en malas manos, acabará usándose como el Gran Hermano de Orwell, coartando y limitando la libertad individual del ciudadano.
Catedrático de Telecomunicaciones. Universidad Politécnica