Un nuevo 8 de marzo nos invita a hacer balance de los logros conseguidos y de los retos que aun están por alcanzar en la igualdad entre mujeres y hombres.
En un contexto internacional en el que se está celebrando la 54 sesión de la Comisión de la condición jurídica y social de la mujer en Naciones Unidas en Nueva York, y de la revisión de la Plataforma Beijing más 15, las mujeres en nuestro país podemos celebrar la creación de un Ministerio de Igualdad por primera vez en la historia gracias a un Gobierno Socialista, la Ley contra la Violencia Machista, la Ley de Igualdad y más recientemente ha llevado a cabo el importante paso de despenalización del aborto y del reconocimiento del derecho a decidir sobre la libre maternidad.
Pero este objetivo de igualdad en un contexto de crisis económica mundial, cuyo principal efecto es el dramático aumento del paro, puede verse truncado. Ya que en el eje central de la igualdad entre mujeres y hombres esta la igualdad en el empleo, como elemento de autonomía personal y libertad.
Las leyes de la economía de mercado nos han demostrado como la mano invisible que situaría a todos y todas en igualdad no ha resultado real como algunos profetizaron tras Adam Smith, de hecho lejos de reducir las diferencias las consolidan.
La discriminación salarial es un claro ejemplo que se traduce en significativas diferencias en la posición económica y social de las mujeres durante su vida activa y también después cuando se transforma en diferencia en la pensión.
Numerosos estudios cuantifican esta brecha, que se estima como media europea en un 17%, y concluyen algo inaceptable: hoy en día, las mujeres cobran menos que los hombres por realizar el mismo trabajo o trabajo de igual valor. Según esto una mujer tendría que trabajar un mes y veintidós días más de media que los hombres para ganar el mismo salario.
Paradójicamente aunque el porcentaje de éxito académico de las mujeres supera al de los hombres, el mercado laboral no valorara plenamente su potencial productivo.
A medida que se sube en el escalafón laboral va disminuyendo el número de mujeres en puestos de dirección o responsabilidad, los sectores laborales peor valorados y remunerados son los ocupados mayoritariamente por mujeres, el desigual reparto del tiempo de cuidados, que influye en la posibilidad de trayectoria profesional y se traduce en mayor uso de la jornada a tiempo parcial e interrupciones de su carrera más frecuentes, son algunas de las causas de esta drisciminación.
Ante la crisis debemos evitar que esta no sea el pretexto, ni la ocasión para frenar o retroceder en el avance de las mujeres. La igualdad no es un gasto, sino una inversión.
Los datos demuestran que las medidas relativas a la igualdad se traducen rápidamente en mejoras de la productividad y estimulan el crecimiento económico. Abordar la igualdad de género y corregir la brecha salarial es una cuestión no solo de ética o justicia sino de eficiencia y competitividad de gran eficacia para la creación de empleo y de empresas.
Avanzar hacia el modelo social de mujeres y hombres iguales, por el que desde el socialismo trabajamos, implica que los hombres asuman su 50% de trabajo y de cuidados, la reducción de jornada laboral normal para mujeres y hombres, el permiso de paternidad, la universalización de la educación infantil desde los cero años y del sistema de atención a la dependencia.
Una economía que quiera ser moderna y competitiva en un contexto de cambio demográfico y de disminución prevista de la población activa, no puede permitirse esta situación de discriminación hacia las mujeres especialmente de cara al reto de cambio de modelo productivo y superación de la crisis.
A al igual que la recuperación económica, el reto de potenciar la igualdad entre mujeres y hombres no se puede asumir en solitario. Por ello la alianza entre partidos políticos progresistas, el movimiento feminista, los sindicatos y también empleadores es más importante aún en esta situación de crisis económica.