Tras la parafernalia del «pacto de Estado contra la crisis», propuesto desde el Gobierno (y que, al final, no será tal: a la oposición le conviene esperar a que la crisis desangre al Ejecutivo hasta marzo de 2012… si no antes), unos y otros se han puesto de acuerdo «en algunas medidas». El problema es que las propuestas, por bienintencionadas que sean, tienen truco.
Resulta que, tras la cacareada ley de Economía sostenible y el cambio hacia un nuevo modelo productivo, la medida estrella que acuerda el establishment (PSOE, PP, CiU) es bajar el IVA para rehabilitar todo tipo de viviendas. Así que el cambio era… más ladrillo, aunque la ministra de Vivienda dijo que pasamos de un modelo basado en la «construcción» a otro de «edificación» (?).
Pero el peligro puede venir con otra medida: los créditos directos del ICO, sin límite, asumiendo el 100% del riesgo. Como bancos y cajas no facilitan préstamos (bastante tendrán con frenar la morosidad, mientras devuelven el dinero prestado de fuera para impulsar la burbuja inmobiliaria), los funcionarios del ICO evaluarán los riesgos (¿saben de eso?) y concederán el dinero de todos… a los proyectos denegados por las entidades financieras. O sea, los ciudadanos deberemos avalar aquello que no quieren hacer los que saben del negocio.
Quizá la solución es más sencilla. Como apuntaba el empresario Juan Roig, la salida de la crisis sólo vendrá por mejoras de la productividad (hacer más cosas, mejor que los demás y empleando menos recursos). De lo contrario, ya nos podemos olvidar del nivel de vida de los últimos 15 años, porque tendremos más paro y salarios más bajos (los que trabajen). Convendría oir más a los que disienten del broteverdismo con el que se tima al personal. Cómo lo ven. Clarín apunta que la desolación causada por el terremoto en Chile, así como las escenas de pillaje (reveladoras de las pésimas condiciones de una parte importante de la población) cuestionan los 20 años del gobierno de la Concertación (orgullosa, hasta ahora, de haber combinado bienestar con capitalismo). Aunque, como señala The Wall Street Journal, quizá sin las reformas introducidas desde los años 70, a Chile le habría ido ahora… como a Haití.
Según La Repubblica, la UE no ayuda a los griegos para aplicar la terapia de choque anti-insolvencia sino… el Fondo Monetario Internacional. Con la excusa de prestar «asistencia técnica», el Ministerio de Hacienda heleno se ha encomendado al FMI para la reforma de su sistema fiscal y el control de su gasto. ¿Y por qué el FMI ha adoptado un perfil bajo? Pues porque una intervención más visible enviaría una señal de impotencia sobre la UE… lo que aumentaría el riesgo de nuevos ataques especulativos.
Cómo nos ven. The Financial Times destaca el efecto devastador del estallido de la burbuja inmobiliaria en la Comunitat Valenciana. Si, antes de la crisis, la zona atrajo a numerosos compradores de viviendas y a inmigrantes de Latinoamérica, África y Europa del Este, para generar un crecimiento superior a la media española, la destrucción de 200.000 puestos de trabajo ha llevado a un gran número de foráneos y a un porcentaje (creciente) de españoles a acudir a los centros de Cáritas, en búsqueda de ayuda.
Una reportera de la BBC se pregunta por qué la juventud española (afectada por unos niveles de paro del 43%, que doblan la media de la UE) apenas muestra síntomas de rebelión ante su situación. Y concluye que, a diferencia de sociedades más individualistas, el papel de la familia y los amigos es decisivo, como colchón que evita derivas anti-sociales.
Qué se cuece. Un analista de Forbes revela el dilema al que se enfrentan muchos medios para cobrar a los lectores por los contenidos de sus webs. Surge un «problema de coordinación»: si sólo un periódico es el único en cobrar, puede perder visitantes a favor de sus rivales; en cambio, si los demás rotativos se ponen de acuerdo en hacer lo mismo, todos podrían obtener una vía de ingresos. La cuestión radica en cómo hacerlo sin violar las leyes de la libre competencia.