Desde hace ya un tiempo venimos leyendo y escuchando voces que dicen que los tiempos de crisis son también tiempos de oportunidades para cambiar los elementos obsoletos del sistema, aquellos que han contribuido a llevarnos donde estamos, y para incentivar la participación de las que no hemos tenido la oportunidad de aportar nuestras ideas y nuestro talento en la construcción del modelo económico.
Es evidente que la nueva situación requiere un nuevo enfoque, una nueva forma de trabajar y de vivir, y, como hemos comprobado en otras ocasiones de crisis, es imprescindible aprovechar todo el capital humano, que resulta siempre el más decisivo.
Porque para toda la sociedad es un déficit la baja participación y representación de las mujeres, sobre todo en el sector económico y financiero, en el que sólo suponemos el 3% en los puestos de decisión.
La enorme inversión que nuestro país realiza en la formación de las mujeres, nuestro esfuerzo constante para superar las desigualdades, ha de rentabilizarse. Hemos de avanzar en un modelo compartido entre los hombres y las mujeres, que incorpore talento y diversidad. Es momento de contar con las mujeres, muy especialmente, en los lugares donde se decide el futuro y los cambios. Sin duda, la calidad democràtica requiere una participación equilibrada de hombres y mujeres en las instancias de toma de decisiones económicas y financieras.
Las mujeres no hemos causado la crisis, no hemos detentado poder ni hemos tenido presencia en las decisiones que la han precipitado, pero sí que sufrimos sus efectos. No es justo sufrir las consecuencias sin participar en las decisiones. Por todo ello, hemos de exigir que nuestra voz sea escuchada cuando se plantean las soluciones.
Las mujeres somos un valor más que necesario para salir de la crisis.
Cuando hemos logrado tantos avances a nivel legal y social, no es inteligente ni lógico que todavía sigan existiendo barreras y obstáculos que hacen tan difícil nuestra presencia en los lugares de decisión económica.
Las mujeres no somos el problema. Somos parte de la solución.
Hemos de apostar por un nuevo contrato social que asegure el equitativo reparto de todos los trabajos, los remunerados y los de cuidado de las personas, entre las mujeres y los hombres; un nuevo contrato que asegure el reparto del poder en todos los ámbitos. Los avances en igualdad efectiva son económica y socialmente rentables.
Cuando se cumplen 100 años de la celebración del 8 de marzo, hacemos nuestras las palabras de Gertrude Mogella, Presidenta del primer Parlamento Panafricano, "Las mujeres siempre han estado al lado de los hombres en la lucha por abolir la esclavitud, liberar a los países del colonialismo, desmantelar el aparheid y lograr la paz. Ha llegado la hora de que los hombres se unan a las mujeres en su lucha por la igualdad".
También firman: Ciutadanes feministes: Inés Giménez, Maria Jesús González, Consuelo Marín, Isabel Muñoz, Encarna Signes, Elvira Ródenas, Ofelia Vila, Marina Calatayud, y Amalia Alba