Ingenuidad, autoritarismo e ignorancia son malas consejeras. El absolutismo conduce a la guillotina. El resto es una etiqueta que acompaña eternamente. Y hay un trío que no ha encontrado fuego amigo tras disparar. Aunque sólo sea para diseñar y animar un poco más su propio circo mediático. O para que no se sientan tan solos. Los «consejeros» deben de estar tan adormecidos que ni se enteran. Al menos, los que supuestamente rodean a Alfonso Rus, Salvador Enguix, y a Máximo Caturla de quien cuentan maravillas sobre las horas previas y posteriores a la inauguración de la exposición «Fragments d´un any» de la Unió de Periodistes y a los que se les reconoce, hasta ahora, al frente de una Diputación de Valencia marcada a fuego pero también por la Historia de la censura. Era lo que les faltaba para magnificar su gestión. Al menos, María Irene Beneyto dio la cara con dignidad por el tema de Roger de Flor y descansó dolida. Ahora duerme con tranquilidad tras rasparse el estigma y asumir su error. Es loable.
De momento, a ellos es como para retirarles el subsidio de inconsecuencia. Asesores, azafatas, coche oficial y, sobre todo, la tarjeta Visa. Esa, la primera. Fuera. Después de renegar de un principio constitucional, a qué santo. Que lo defiendan. Nada de comisiones. Nada de preguntas en pleno. Hasta su partido los ha desnudado. Para qué preguntar en pleno siglo XXI cómo resulta permisivo ejercer la «autoridad antidemocrática». Les huyen técnicos y ejecutivos. Román, el mundo científico y la Ilustración está contigo. La caverna es oscura.
Rus, Enguix y Caturla, antes se pregunta, se opina, se negocia, se discute, se habla, se entienden las sátiras, la realidad, el mundo.... Más aún en plenas Fallas… Y ya está. No pasa nada. No es para tanto. A no ser que haya algo que esconder, o que ganar. ¿O es que Rita Barberá, que ha demostrado su sentido, va quitando los ninots que lo le gustan? Si el trío entrara en algunos barrios deprimidos de Valencia las Fallas no existirían.
A partir de ahora, será difícil comprender cómo el MuVim, que lleva tiempo con un aire fresco, democrático y abierto, no está cerrado por su plantilla. En plan indefinido. Hasta el final. Aunque sólo se trate del gesto de Modernidad que anuncian sus siglas. O que lo hagan todos sus colaboradores como medida preventiva. Porque visto lo visto es como para asustarse.
Enguix, «diputado de Cultura», al menos debería de explicar en esas comisiones que la oposición anima qué ha hecho además de censurar. O además de trasladar su torpeza y la de Rus a su partido. Al menos, en les Corts se pide perdón. Aunque sólo se trate de un gesto. Rus, quizá, debería consultar a los Dj que tanto anima. Igual le «pinchan» algo de Batiatto. Porque si alguien le preguntara por lo que cuentan algunas de las canciones que anima a bailar igual hasta su sector más próximo le exigía explicaciones. Es una idea.
Resulta que Enguix llegó pidiendo un halo de comprensión. Con sus formas. Enguix no es Vicente Ferrer, ni Lis. Ni Rus, Tarancón. Ni lo son sus asesores más maquiavélicos con sus respetables ansias de poder. Enguix es ingenuo. Ha perdido la credibilidad. Parecía cauto. Discreto. Después de tanto tiempo en el despacho del Palacio de Batlia, sin saber qué hacer, sale en plan bruja. Y el resto animado a ir de Halloween. Enguix, para una idea que tienes. A Rus le bastarían las baquetas para formar parte del ejército francés. Pero Tchaikovski ya compuso su Obertura 1812. Visto lo visto, animaría a un calendario solidario con las imágenes y que la recaudación sirviera para una reedición «ilustrada» de la Constitución o del artículo 20 que afirma que «se reconocerán y protegerán los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, la escritura o cualquier otro medio de reproducción».
A la…