Una noticia insólita y alarmante: los accidentes de tráfico han dejado de ser la primera causa «no natural» de muerte. El primer lugar corresponde ahora a los suicidios. Los datos –sin contabilizar los intentos frustrados- de 2008 dan una cifra de 3.421 defunciones por suicidio en España. Este dato, sin duda merece una reflexión y un alto en el camino a todos los niveles. Nuestro sistema de vida lleva a nuestros «sistemas» vitales al límite… Una historia.
No hace muchos días, un viejo amigo, cargado de problemas hasta las orejas, me insinuaba que le gustaría simular una tabula rasa en su vida. Experimentaba tal agobio -me decía- que «desearía convertirme en uno de esos artefactos susceptible de ser ?reseteado?». Soñaba con un pinchazo indoloro y otra vez a funcionar desde cero. ¿Quién no ha sentido alguna vez el deseo de ser «reseteado»? Aunque no podemos olvidar a aquellos poetas que nos recuerdan que el pasado no lo pueden cambiar ni los dioses. Además, la huída es siempre una mala solución. En los alto de las montañas o en el fondo del océano, los problemas, si no se afrontan, te acompañan.
Una de las tareas más complicadas del ser humano es asumir su vida en peso. El pasado está ahí.., pero no podemos perder las oportunidades del presente, ni tampoco la ilusión por el futuro. La madurez tiene que ayudarnos a neutralizar ese ayer muchas veces viscoso y nefasto.
Mi consejo a este amigo no era «resetear». Esto solo es posible cuando nos fallan tanto las neuronas que empezamos a vivir en la eterna novedad. Una situación, más bien, triste y poco deseable. Aprender a «desconectar» inteligentemente es lo importante y decisivo. A la búsqueda de una «higiene» mental cada uno debemos encontrar las mejores formas y posibilidades para hacer posible esta función. La palabra «desconectar» está de moda, pero ¿qué quiere decir esto exactamente? Distanciarnos temporalmente, y a ser posible físicamente, y de manera estratégica de nuestra realidad cotidiana. Esto es, desenchufar todo para cortar el fluido habitual. Alimentarnos de otras energías alternativas. Y, ¿qué ganaremos con esto? En primer lugar, librarnos de esos «virus» malignos, contaminadores de nuestras vidas y distorsionadores de nuestro «disco duro». Por eso, «forzar» la salida y la «desconexión», a pesar del riesgo de perder algunos datos, es saludable. Sin duda esta acción desbloquea los inevitables «cuelgues» de nuestra existencia, y así, nuestro sistema se «actualiza» y continuaremos con más fluidez.
En otras palabras, regresaremos a nuestra cotidianeidad y la contemplaremos de otra manera. Relativizaremos lo que antes nos dañaba. Nos implicaremos más a fondo en lo esencial y dejaremos lo secundario para otro momento. La «desconexión» nos devuelve a la realidad de otra manera. El «reseteo» es irreal e utópico. En esta sociedad estresada y estresante tenemos que aprender a encontrar el equilibrio en la inestabilidad y el caos cotidiano. La posibilidad de la desconexión no debería ser un lujo sino una necesidad.