En la línea de quienes entendieron que la postmodernidad era un corte de pelo, la alcaldesa Mariví de Emperador ha añadido al feminismo la manicura y el maquillaje. En la larga marcha contra la inexistencia, la opresión económica y la represión patriarcal, hemos pasado por el sufragismo, el feminismo de la igualdad, el feminismo de la diferencia y algunas militaríamos en el laberinto «queer» y el movimiento «King-kong» si entendiéramos algo de la «quiebra de la posición simbólica privilegiada del Falo».
Ahora, hemos llegado al 8 de marzo de 2010 con un objetivo claro marcado por la alcaldesa Mariví de Emperador: «de aquí no se van los peluqueros hasta que no estemos todas guapas»; objetivo que apuntilló el peluquero por alusiones: «vamos a hacer que se sientan por un día como auténticas millonarias». Dice la alcaldesa que le pareció «una buena idea». Uno no sabe si desde el punto de vista moral es buena o mala; no parece, sin embargo, desde el punto de vista epistemológico, que se trate de una idea. ¡Mariví, coño!
Viviane Reding, vicepresidenta de la comisión europea (y muchísimos más que me callo) ha dicho: «Un Ministerio de la Igualdad no soluciona los problemas». Se trata de una verdad como un templo (que hay que destruir). Añadamos, también, que un Ministerio de Educación no soluciona el fracaso escolar, el de Hacienda no soluciona el fraude fiscal, el de Economía no soluciona la crisis, el de Interior el crimen, ni el de Salud la enfermedad. Queda dicho para señalar la debilidad y necesidad de las instituciones frente a la fortaleza y contingencia de los problemas.
Otra cosa no, pero Camps es coherente. Habla de Valencia, como lo hizo en Brasil («somos la parte más moderna, de vanguardia, dinámica y feliz»), igualito, igualito que lo hace en Castelló como si estuviera en Brasil: «Somos especiales, ni mejores ni peores, sino especiales para ser ingeniosos, integrar culturas, realizar esfuerzos cotidianos y para las fiestas». Observa uno (¿quién?) una deriva totalitaria en el presidente: como que pasa de todo.
Si los de «Sí, volem» se oponen a los de «Salvem el Cabanyal», ¿què és el que volen del Cabanyal?.