Pocos días después de reiterar su propuesta de celebrar las fiestas falleras en el tercer fin de semana del mes de marzo, con la «crema» el lunes, los hosteleros valencianos han ampliado su proyecto con la idea de trasladar a los lunes algunas de las fiestas que caen entre semana a fin de evitar los «puentes». Tanto la primera como la segunda iniciativa han sido descartadas ya en otras ocasiones; la de San José móvil por el colectivo fallero, y la de las 12 fiestas que no caen en domingo, por los encargados de elaborar año tras año el calendario laboral.
El argumento que utilizan los empresarios de hostelería es contundente: la productividad de sus negocios se resiente cuando un festivo cae en medio de la semana. Los partidarios de pasar algunas de estas fiestas a los lunes subrayan que esa baja productividad es una de las principales lacras que atacan los cimientos de la economía española, que en estos momentos está necesitada de esfuerzos suplementarios para salir a flote. En el otro lado están quienes defienden que una fiesta, religiosa o civil, es una pausa en la semana, una ruptura que si se trasladara al lunes acabaría en rutina. Bien es verdad que hay situaciones que podrían ser revisadas, como el caso de la cercanía de las festividades del 6 y el 8 de diciembre, que da lugar a «puentes» quizás exagerados, pero ni la tradición ha de quedar sometida a la productividad ni al contrario. Del debate social propuesto ha de salir el modo de hacer las dos compatibles.