La reunión en Santiago de Compostela, esa puesta en común de ideas y propuestas de quienes llevan el peso de castigar los fallos en materia de seguridad vial en España, ha sido especialmente noticiosa, no sólo por lo llamativo de algunas decisiones que se han adoptado, sino por el eje central que estructura las propuestas que de allí han salido. Los fiscales, ya se sabe, siempre buscan al responsable… y en esa dirección han aumentado la lupa. Y allí está el conductor, también, y el propietario del vehículo, como garante de la seguridad a bordo: tanto en los elementos pasivos del vehículo como en las prevenciones activas que se han de adoptar antes de cualquier viaje. Todo para defender a los colectivos «más débiles», en palabras del fiscal coordinador de las jornadas, Bartolomé Vargas. Los discapacitados, ancianos, ciclistas, motoristas y, especialmente, los menores, están a merced de la buena conducción. Podrían imputarse al conductor hasta delitos de homicidio y lesiones imprudentes en caso de accidentes mortales, si se comprueba, por ejemplo, que el vehículo tenía los frenos o neumáticos deteriorados, o que las víctimas no llevaban puesto el cinturón de seguridad. Prever esas y otras circunstancias parecidas está en manos del conductor, y es adecuado exigirlo y penalizarlo. En esa filosofía, es razonable, aunque llame la atención, que los fiscales pidan cárcel para los padres que dejen el coche a hijos sin carné, dependiendo del mal que hayan podido ocasionar.