Mañana empieza astronómicamente la primavera. Si proyectamos el ecuador de la Tierra sobre la bóveda del cielo se dibujaría un
círculo, el ecuador celeste, que la divide en dos hemisferios, el boreal y el austral. Cuando el Sol cruza el ecuador celeste desde el hemisferio austral al boreal, se inicia la primavera en el hemisferio norte terrestre. La duración del día y de la noche es la misma: 12 horas, de ahí que ese día reciba el nombre de equinoccio, palabra que proviene del latín, compuesta por «aequus» (igual) y «nox» (noche). Con el calendario actual, el equinoccio de primavera se produce del 20 al 21 de marzo, pero esto no siempre ha sido así. Hacia el año 1580, la primavera comenzaba alrededor del 11 de marzo. Este desfase se debía a que el calendario juliano se basaba en ciclos de 4 años (3 comunes de 365 días y uno bisiesto de 366) y, por tanto, el año juliano medio duraba 365,25 días. En cambio, el año trópico solar es 11 minutos y 14 segundos más corto. Ese retardo se acumulaba año tras año y ascendía a un día entero al cabo de 128 años. Para corregir la situación, el papa Gregorio XIII publicó en 1582 la reforma del calendario que está hoy en uso. En el calendario gregoriano son bisiestos los años divisibles por 4, excepto los finales de siglo no divisibles por 400. Además, como el equinoccio influye en la fecha de la Pascua, se eliminaron 10 días para devolver el inicio de la primavera hacia el 21 de marzo.
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