La vivienda es el sector que más ha sufrido el parón producido en la actividad económica general, ya que está estructuralmente ligado al crédito y hay que recordar que la crisis económica actual tiene su origen en los virus incrustados
en el sistema financiero. Los promotores buscan con nuevas fórmulas el modo de activar, aunque sea en una pequeña proporción, un mercado afectado por la parálisis. Las ferias celebradas recientemente han servido de termómetro para medir el momento en que se encuentra el sector. Lo primero y más importante es que la demanda de los consumidores está viva, las necesidades siguen estando ahí una vez que ha cesado el furor especulativo que en buena parte activó la compraventa antes de que estallara la crisis. Hay, pues, demanda, y es obvio que también oferta, ya que las existencias acumuladas de viviendas sin vender son muy elevadas. Por tanto, para dar salida al producto parece lógico que sea preciso conectar las necesidades de compra con una adecuación de los precios a las posibilidades reales de los consumidores. Y en esa línea se observa un esfuerzo de los promotores. La tendencia que presentan las últimas cifras es hacia el repunte en el mercado inmobiliario, aunque con cifras especialmente moderadas. Pero esto es mejor que nada y supone un alivio para muchas empresas e incluso para las entidades financieras que tienen inmovilizado un gran capital en los inmuebles que se han visto obligados a gestionar.