Las inundaciones convirtieron a Andalucía Occidental en una delegación de la Atlántida, en el Cantábrico causaron un par de muertes y más de cuarenta en el norte de Francia. Cuarenta ya es una cifra filipina o bengalí, incluso si se tiene en cuenta que Francia es más llana que Cantabria o Asturias y las mareas extraordinarias, unidas a las riadas, pueden hacer mucho daño. «Habrá más eventos extremos», dijo Millán Millán hace casi quince años respecto del calentamiento global.
Ocurrió algo parecido cuando Margaret Tatcher, la premier cuya voz era «tan agradable como el zumbido de la fresadora del dentista» (Martín Amis), que abandonó las inversiones en los ferrocarriles y al poco en los accidentes había tantas víctimas como en la India. Años después, en Valencia también hubo muchos muertos en ausencia de un freno automático que vale cuatro perras. Los hechos son obstinados y todos somos iguales si no te preocupas en que las cosas sean distintas. Una nevada extraordinaria en Girona les ha equiparado con Cachemira pero, por suerte, sin bombas. Le escribo a un amigo periodista de allá para que me aclare cómo pudo llegarse a ese punto y las causas no deben ser simples porque me pide cuatro o cinco días de tiempo: demasiado para este gusano que hila todos los días.
La magnitud de la tragedia (Quim Monzó) me ha hecho buscar aquí y allá. Y estas son mis conclusiones: aparte la codicia de las eléctricas, por mucho que Joaquim Nadal diga que la línea de muy alta tensión no tiene nada que ver con las líneas de media y baja (que son las que han tenido problemas), la Generalitat dio la impresión de tocar el flabiol con las veguerías y la guerra jurídica del Estatut mientras la gente tiritaba a la luz de las velas. ¿Y los ciudadanos? Buena gente, sin duda, pero queremos electricidad sin cementerios nucleares, consumo intenso y que otro cargue con los vertederos, vivir en una remota urbanización y comprar dos veces al día en la ciudad, hacer lo que nos pete y culpar a Emergencias si nuestro deseo estaba mal dirigido. Todo tiene un precio.