Quizás haya persona capaz de expresar en un verso corto, en una corta estrofa (un haiku japonés), las sombras de las ideas, por ejemplo: La virtud del lucro sobre la salud, el beneficio de un sistema de mercado sobre la justicia social de una sanidad universal y gratuita, quizá exista quien sea capaz de argumentar con sólido razonamiento económico y sofisticado argumento teórico la necesidad de poner precio al dolor y la enfermedad, tildando de demagógico el soporte ético que necesariamente tiene toda actividad que beneficia a todos con excepcional grandeza, como es el caso de la salud o de la educación.
El estado actual de la cuestión sitúa estos servicios públicos al pie de los caballos, primando los criterios mercantiles: beneficios empresariales, costes, oferta, demanda y regulación por la mano del libre mercado, que parece van a ser el viático que ponga fin al compromiso que se adquirió con la Ley General de Sanidad.
El Honorable Sr. Camps y su pinche particular el Sr. Cervera nos colocan ante el umbral de las sombras y no conformes con tener a nuestros hijos recibiendo educación en barracones parecen dispuestos a que la atención sanitaria se dispense también desde barracones (ejemplo: los del hospital Arnau de Vilanova). No haremos aquí demagogia hablando de magníficos eventos donde el gasto no importa. Pero el umbral de las sombras nos puede conducir a la caverna y de ella quizá no nos saque ni Platón, ni la sombras de sus ideas.
Cientos, miles de cucarachas, como un homenaje enloquecido a Kafka han invadido zonas del hospital, como plaga bíblica y castigo a la codicia de sus trajeados gestores, que en su afán privatizador descuidan, cuando no abandonan, la que debiera ser joya de la corona de todo buen gobierno: la sanidad pública.
Se comenta que para existir, para salir de las sombras, las cosas deben tener nombre y las personas deben conocerlo, única forma de compartirlo, de hacerlo real, para después, razonando, poder corregir o trasformar situaciones incompatibles con la civilización (seguramente en eso consiste la civilización), la que nos ha permitido viajar desde la medicina egipcia al tratamiento del bacilo de Koch y poco después a la universalización de la asistencia sanitaria.
Cierto, que los cuervos pueden repetir palabras, pero eso no los hace humanos, destacan sobre la nieve con sus preciosos trajes negros, pero no por eso dejan de ser animales, se les puede domesticar (cosa de magia), pero no civilizar. Convendría que fuéramos poniéndoles nombres y apellidos para evitar que bajo una bata blanca como la nieve se pueda ocultar un animal tan hermoso como carroñero.
FSP-UGT hospital Arnau de Vilanova