Las Sociedades Laborales están dando una buena respuesta a la actual crisis. Los datos del Ministerio de Trabajo correspondientes al último trimestre de 2009 indican cómo las Sociedades Laborales están soportando mejor la crisis que otros modelos productivos; la tasa de pérdida de empleo entre estas Sociedades es inferior a la de las empresas convencionales y, además, se ha ido reduciendo en 2009, pasando de los 6´5 puntos del primer trimestre hasta el 0´9% del último.
Las iniciativas emprendedoras, capaces de generar empleo estable, encuentran en las Sociedades Laborales un instrumento ideal. La mayor permeabilidad frente a los desafíos críticos las hace emerger como la fórmula jurídica adecuada para capear mejor, y con más garantías, el temporal económico que nos azota y que está teniendo unas consecuencias dramáticas en el mercado laboral.
Las Sociedades Laborales son auténticas garantes del empleo en momentos de dificultad. Frente a los despidos subjetivos o que buscan aligerar plantillas, las Sociedades Laborales apuestan por mantenerlas.
Siendo la gran mayoría de las Sociedades Laborales PYMEs, su fortaleza radica en la participación muy directa e imbricada de los propios trabajadores en la suerte de las mismas. Esa participación, junto con la asunción de una cuota de responsabilidad muy acentuada, las hace fuertes.
Pero las Sociedades Laborales no han escapado de las severas vicisitudes que ha impuesto la crisis. La restricción del crédito y los consiguientes problemas de financiación han hecho mella en muchas de ellas, al igual que en el resto de empresas.
A este respecto, y conforme pasa el tiempo sin atisbarse un levantamiento decidido de la veda del crédito por parte de la Banca, he rescatado de mi memoria la idea de reclamar la vuelta de la banca pública a la realidad del ruedo crediticio. No me refiero al reciente mayor protagonismo del ICO que, en defecto de otras soluciones mejores, no está mal. Me refiero a la Banca pública, con entidades tipo las de antaño (Banco de Crédito Industrial, Argentaria, etc).
La impopularidad de las entidades bancarias es ahora mismo directamente proporcional al anuncio periódico de sus beneficios, del reparto de dividendos, provisiones de fondos, ampliaciones de capital o un sinfín de operaciones de ingeniería financiera que no hacen sino acentuar el desánimo de quien tan sólo persigue un préstamo para evitar echar la persiana a su negocio y «salvar» los puestos de trabajo.
El anteproyecto de Ley de Economía Sostenible debería desarrollar más un capítulo que abordara la reforma del sector financiero en este sentido. Ahí dejo la idea, sabiendo que irá, poco a poco, cosechando adeptos.
Por otro lado, la necesidad de permanente adaptación y sincronización de las Sociedades Laborales a las circunstancias de cada momento, hace que cobre especial relevancia la inaplazable reforma de la Ley de 1997 que las regula, con el objetivo de servir al mantenimiento del empleo y facilitar la constitución –y supervivencia– de muchas Sociedades Laborales, para que pueda volver a ser el instrumento útil y eficaz que fue, y para coadyuvar en la lucha contra la peor crisis en muchas décadas.
Por eso, en la Confederación de Sociedades Laborales de España (Confesal) estamos trabajando hace tiempo en pos de dicha reforma proponiendo importantes incentivos fiscales para las Sociedades Laborales.
Las Sociedades Laborales han sido el principal motor de crecimiento de la economía social en la última década, multiplicando por cuatro el número de empresas y por dos el empleo creado. La reforma de su Ley es urgente y, a mi juicio, el éxito de la Ley de Economía Social, en la que también trabaja el Gobierno, dependerá mucho del éxito que la nueva Ley de Sociedades Laborales tenga.
Presidente de Confesal y de Feves-Societats Laborals