Las lluvias de barro se prodigaron ayer en las comunidades mediterráneas. La causa fue la masa de polvo y arena del de-sierto que el viento del sur ha empujado en los últimos días hacia España desde el interior de África. Por esa misma razón, llevamos varias jornadas en las que la atmósfera se mostraba plomiza y era visible una densa calima. Son las situaciones típicas que producen las «lluvias de sangre», nombre con el que tradicionalmente se conoce en numerosos lugares de España a las precipitaciones cargadas de barro. Siglos atrás, antes de que conociéramos la verdadera causa, nació esa denominación ante el estupor de la gente al ver que las gotas de lluvia mostraban un color oscuro y sucio, similar al de la sangre y sin el aspecto cristalino de la lluvia en condiciones normales. Cuando se producen altas concentraciones de polvo y arena en el aire, como sucede estos días, la lluvia las arrastra hasta la superficie y ensucia los coches y la ropa tendida. En los próximos días seguiremos con arena del Sahara sobre nuestras cabezas, aunque disminuirá la concentración.
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