El futuro nos arruina la vida. Trabajando para el futuro no disfrutamos de los días, y pensando en el futuro no vemos lo que hay alrededor, ni lo gozamos. El futuro es la religión de Occidente, y las diversas sectas en que esta fe se descompone (cristianas, agnósticas, sincretistas) participan del mismo culto central al futuro. El resto de las religiones del mundo están hoy tan contaminadas de futurismo que podría decirse que el futuro es ya la religión universal, como el inglés la lengua global. De esa pasión fanática por el futuro viene lo demás: productivismo, acumulación, progreso, devastación del entorno, etcétera. El 90% de lo que se acumula en los basureros es futuro que ha dejado de serlo. Siendo esto así, y no resultando posible sustraerse a ese medio en el que hacemos vida, conviene, no obstante, cavar en alguna parte de uno mismo el agujero en que descansar un poco del futuro.