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Populares y divinas

 05:30  

Cipriano Torres

El titular no esconde secretos. Si usted tiene a críos entre 12 y 17 años, incluso un poco más allá de ese límite, sólo tiene que preguntarles por las Populares y las Divinas. Si no dudan, la cosa está clara. Si dudan, es que no saben de qué va la vaina. Pero una cosa les digo, sería raro, sería muy raro, incluso sería como una alerta, si sus nenes y nenas no le explican al momento de qué se trata. Si dudan es como si no estuvieran en el mundo, es decir, en su mundo. Populares y Divinas. Olvídese, no hablo de cosas de mayores, aquí no me refiero a las populares Ana Rosa Quintana o Susana Griso frente a las divinas de Caiga quien caiga Ana Milán, Silvia Abril, y Tania Sarrias, a las que más tarde les daré el cogotazo que se merecen. Y otra cosa les digo, si a estas alturas son ustedes los que no saben, los que no han oído hablar, los que se quedan como si preguntáramos en qué año rodó Billy Wilder Testigo de cargo porque ni siquiera les suena Patito feo, tienen un problema de comunicación en casa, es decir, la nena va por un sitio y ustedes por otro, el nene hace del mando un sayo y ustedes se van a la cocina dejándoles con la historia inabarcable de Patricia, la actriz Laura Esquivel, que se pirra por Matías, al que da vida Gastón Soffritti. En las múltiples páginas webs sobre la serie argentina esa historia inabarcable queda como la historia más linda, o la más bella jamás contada. Es decir, un pastelazo. O sea, la historia es una mierda, repetida desde que el mundo es lo que es. Es decir, chica quiere a chico, y sus circunstancias. ¿Qué pasa entonces, por qué Patito feo es seguido por miles de personas en España, en todo el mundo?

«Patito feo». Ni idea. Algunas noches, en Disney Chanel, con dolor de corazón porque a esa hora El Gran Wyoming seguro que ofrece más de cinco razones para ver El intermedio, me pongo a ver Patito feo tratando de quitarme años de encima, es decir, raspo prejuicios y limpio la mirada a ver si cuela. Y no. Es una historia tan cutre, son unos actores tan, tan raros, son unos decorados tan de casa de muñecas, tan increíbles, son unas situaciones tan demenciales, tan truculentas, tan acartonadas, tan simplonas, estrambóticas, obvias, que paso de la carcajada al cabreo. La historia de amor de los dos adolescentes tiene riachuelos paralelos con historias de amor de otros adolescentes, también atormentadas, también de ida y vuelta, hoy te quiero más que a nadie, mañana te desteto hasta la punta del meñique, pero hay dos meollos que me tienen loco. Entiendo que los amores de ida y vuelta adolescente sean como son, entiendo que las hormonas salten de una punta del mundo a la otra punta del universo, que el corazón se venga abajo o que escale peldaños en cuestión de segundos, que una mirada que no es la que esperas te mande al infierno y quieras morir como un perrillo abandonado, lo entiendo, pero que los mismos esquemas se repitan en el cuadro de los mayores, es decir, del papá y la mamá de Patricia, es como para pensar que esa gente se toma cosas raras. Están zumbados. Carmen y Leandro son los papás separados de Pati, pero los personajes de Griselda Siciliani y Juan Darthés están separados de la realidad por una de las caras de lo insoportable, y los guionistas han escogido la de lo ñoño.

Menudo esperpento. Dicho con desgarbo lo anterior, quizá porque el esperpento y el sin dios es mejor verlo para entenderlo, hay que hablar de los dos grupos musicales sobre los que se arman las rencillas de amores, canciones, bailes, y demás toxinas que son el cuerpo de la cuchufleta que tanto enamora a los peques y que en lo personal es la otra parte del meollo que me levanta del asiento, e incluso la tapa de los sesos. Hablo de las Populares, o sea, las feas, las que miran el interior y no la apariencia, y las Divinas, que, según su letra de guerra, son pura gasolina. ¿Se imaginan que cada vez que saliera en la tele un artista, pongamos Raphael, siempre cantara El tamborilero y su ropopom pom, valga como ejemplo un artista que siempre sale con el ropopom pom a cuestas? Pues esta pandilla de locas, igual. Todos los días. Al menos un par de veces por entrega. Las mismas canciones, los mismos bailes, y siempre, es decir, todas las noches, las de un bando y las de otro, ríen o se enfurecen o entristecen con las mismas letras, y hacen los mismos mohines, y así un día tras otro. Las Divinas cantan esto, nadie pasa por esta esquina, aquí mandan las divinas, porque somos gasolina, gasolina de verdad… Las Populares cantan esto, todos nos miran cuando vamos por la calle, si estamos juntas hay música en el aire, tenemos ritmo en el alma y en el corazón… ¿Lo pillan? Un día, y otro, y otro y otro y otro. Siempre igual. Droga. Éxtasis. Otra dimensión. Cuelgue.

Arroz pasado. Si a partir de estos datos se animan y buscan Patito feo o en Disney Chanel por la noche o en Telecinco la mañana del domingo, comprobarán que al momento entran en una órbita desconocida, en otra dimensión, en una secta con seguidores encandilados donde nada es real, un mundo extravagante de sentimientos, floral, cursi hasta la vomitera, con adultos tan chiflados como los jóvenes, gente que se viste, se peina, y se adorna el pelo como si de nuevo floreciera el espíritu jipi de hace décadas, en fin, un descubrimiento para los peques y una coña comercial —esta parte es la que tira del carro con discos, y pegatinas, y cromos, y conciertos, y carpetas— para mí. El arroz de Patito feo, por suerte, se me pasó. ¿Se les ha pasado a las chicas de Caiga quien caiga en Cuatro? Véanlo. Se ufanan de gamberras, irreverentes, y divertidas. Palabras hueras. La impertinencia, el talento del humor que abrasa y señala, y el gamberrismo que desenmascara se encuentran hoy en estado puro en El intermedio, que lleva hasta la sede madrileña del PP a Thais Villas con una banda musical de rumanos, «una plaga» que ha venido para delinquir y comernos por patas, según un subalterno catalán de Mariano Rajoy. Eso sí que es ser divino, y manejar gasolina, gasolina de verdad.

Atención
Hasta para hablar de la basura hay que documentarse. Me lo apunta Pilar Olcina, una atenta lectora que me recuerda que no fue Kiko Matamoros, tal como escribía la semana pasada, quien anunció por dinero que se iba a suicidar, sino su hermano Coto, otro de la misma calaña, trapisonda de los platós que por dinero mata. Recibido el tirón de orejas, pillo el mensaje. Con la mierda hay que tener cuidado, que te mancha.

  HEMEROTECA

  Viñetas de Raúl Salazar

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  El humor gráfico de Ortifus

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