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«Nuevas lecturas»

Antonio Vergara

 05:30  

Desde hace unos años, los nuevos y los más veteranos directores se dedican, en demasiadas ocasiones, a filmar sus versiones de algunas películas y personajes clásicos del séptimo arte. Títulos de los denominados míticos —o héroes de la mejor época del celuloide (en expresión antigua)—, son sometidos a «nuevas lecturas» por realizadores y productores idiotas, desmitificadores.
Citemos, de memoria, varios y lamentables casos, tanto de personajes como de películas. El sheriff Wyat Earp, Shane (Raíces profundas), Vértigo, Peter Pan o Sherlock Holmes y el Dr. Watson. Es admirable el empeño, y el subsiguiente fracaso artístico, de quienes, sin ponderar que ciertos héroes (buenos o malos) y filmes son inmejorables (e inmortales) porfían —a falta de ideas y guiones buenos— en hacer el ridículo. Otra cuestión muy diferente es que, aprovechándose de la estulticia dominante, facturen en la taquilla ofreciendo una mercancía averiada a las masas incultas en cine y no digamos en su historia y sus obras más señaladas. Parece que el objetivo es vender morbo, violencia, crueldad y una cierta estética guarra. Lo que se pretende es también destruir las ilusiones, el romanticismo, la ingenuidad, en resumen, la necesidad que tenemos los seres humanos cultivados de soñar (el cine, fábrica de sueños: ¿por qué no?), precisamente para enriquecernos y también sobrevivir.
Sí, ya sabemos que la vida es un valle de lágrimas, pero esos horripilantes directores y guionistas nos asquean mucho más que el antedicho valle. Huérfanos de ideas, imaginación y talento, se refugian en su propio cutrerío, Ahora le ha tocado la vez a Robin Hood (The adventures of Robin Hood, 1938), película romántica, amorosa y utópica. Un hito, entre otros muchos, del cine clásico del Hollywood dorado. Pero no hace muchos meses, alguien se encargó de masacrar a Sherlock Holmes y el Dr. Watson. El detective salía como un rockero desarrapado, medio imbécil, histriónico y riéndose estúpidamente como el supuesto Mozart en aquella infame película. La fórmula de este Robin Hood se ajusta perfectamente a la moda desmitificadora. Violencia a raudales, y explícita, un tono sombrío, montaje veloz (de vídeo clip) y un Robin Hood histérico, vengativo, brutal. Realista. Lo que mola en 2010. Palomitas.
¡Pobre Errol Flynn! ¿En qué te han transformado Ridley Scott (director de culto, en la jerga de los mitómanos posmodernos) y Russell Crown? En un psicópata. Lo que mola en 2010. Palomitas.
Se ha decretado que no hay derecho a soñar porque no combina con las palomitas y la chispa de la vida. De todos modos, la desmitificación va a continuar. Hemos leído en una revista norteamericana, tipo Variety, que ya hay en proceso de pre-producción las siguientes películas, nuevos enfoques de otros tantos títulos famosos, en varios casos obras maestras de la historia del cine. Les informamos brevemente.
Tarzán de los monos (1932). Debido a su solitaria vida en la jungla, Tarzán, acuciado por sus necesidades sexuales y amorosas, se enamora absolutamente de la mona Chita, llegando al extremo de fabricarle un anillo de boda con los hilos de una liana, que, previamente, ha sumergido en una mina de oro líquido. Consuma el matrimonio pero ambos no tienen descendencia.
Tres lanceros bengalíes (1935). En lugar de Gary Cooper, el actor protagonista será Kevin Spacey. A causa del calor que soportan estos lanceros en la India, alejados de las poblaciones y, sobre todo, de Londres, se unen para formar un trío, de aquí el nuevo título del filme, The lives of a Bengal Lancer in love (se estrenará en abril de 2011).
Johnny Guitar (1954). Sterling Hayden (Johnny) es, en realidad, un vendedor de cocaína que distribuye en Wyoming y Kansas City. Su tensa y sadomasoquista relación con Joan Crawford se debe a que ella le había robado, ocho años antes (en Wichita) un cuantioso alijo. Johnny Guitar esconde la cocaína en su guitarra, pero no sabe tocar ni una nota. En la secuencia cumbre, Johnny le obliga a que se esnife la guitarra entera. Autorizada para menores de 5 años.
En una próxima entrega sabrán de otros títulos muy conocidos que esperan su adaptación a estos tiempos modernos, entre otros, y no por casualidad, Tiempos modernos (1936), donde el personaje de Charles Chaplin no es un obrero sino, William H. Money, el presidente de la multinacional Tornillos y Tuercas, quien se suicida con una hamburguesa, poco hecha, de tornillos del número 21.

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  Viñetas de Raúl Salazar

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  El humor gráfico de Ortifus

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