El tiempo desapacible y cambiante durante la primavera retrasa la floración. Pero el clima también tiene otros efectos más curiosos en la naturaleza, a menudo, imperceptibles para la mayoría de nosotros. Por ejemplo, la aparición en nuestro territorio de mariposas primaverales –que han pasado el invierno en forma de crisálida- se ha fragmentado este año en dos períodos discontinuos a causa de las lluvias y del descenso térmico a mediados de la actual estación. Esta circunstancia hace posible observaciones extraordinarias: simultáneamente se pueden ver orugas descendientes de la primera eclosión y mariposas de la segunda, que ahora empiezan a aparearse, como han comprobado los científicos del Museu Valencià d´Història Natural, dirigido por la Fundación Entomológica Torres Sala. Éste es el caso de especies como A. Euphenoides (conocida por ´banderita española´) –de colores amarillo y naranja- que vuela en todo el ámbito mediterráneo, excepto en las islas Baleares. Otro caso es el de Z. Eupheme, una mariposa blanca y amarilla típica de zonas esteparias de la península Ibérica.
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