Lo mayor puede ser pequeño. Cuatro obtuvo esta semana la mayor cifra de share de todo el año gracias a La noche de Perdidos, un programa colocado entre las 3 y las 8 am donde se ofrecieron los capítulos finales de la serie más chiripitifláutica de la historia. En todos los medios se recogió el triunfo de Cuatro y se pudieron leer sujetos y predicados del estilo de «Cuatro barre», «Cuatro arrasa», «Cuatro consigue un espectacular seguimiento por parte de los espectadores». Pero, los porcentajes de audiencia de La noche de Perdidos se mantuvieron durante las cinco horas rondando tan sólo el 30%. Tres de cada diez. Las otras siete personas que se encontraban viendo la tele en el momento en el que Cuatro emitía simultáneamente con el resto del planeta Tierra el capítulo más esperado de la historia universal de las series de televisión no estaban viendo el capítulo más esperado de la historia universal de las series de televisión, sino teletiendas, call TV, porno cutrón, competiciones regionales de deportes aficionados y reposiciones de la secuela de El coche fantástico.
A veces se utiliza la expresión «victoria pírrica» para referirse a victorias muy ajustadas, in extremis o por los pelos. No es un uso adecuado. Refiriéndose a la victoria que Pirro de Epiro logró sobre los romanos en el siglo III a.C., la expresión nos habla más bien de una victoria demasiado costosa para su beneficio, una victoria que no merece la pena por estar demasiado cargada de esfuerzos, bajas o gastos para las compensaciones que trae al bando ganador. Cuatro movilizó todo su ejército mediático para disputar la batalla de la madrugada del martes con el final de Perdidos como arma de destrucción masiva, y, efectivamente, consiguió vencer a los anuncios de aparatos de cocina y la música clásica de La 2. Tres de cada diez espectadores vieron Cuatro. Los otros siete no. Como dijo Pirro tras su triunfo sobre Roma: «Otra victoria así y estamos perdidos».