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Bancaja y el último mohicano

Cruz Sierra

 11:22  

Nada más lejos que intentar meter presión, pero Bancaja se está quedando más sola que la una. De acuerdo que en estos momentos de pánico e improvisación en todas las escalas (Zapatero alcanzó el climax el otro día con el «error» del BOE), conviene guardar la calma y hacer como que estamos tranquilos, actitud que el presidente de la caja, José Luis Olivas, representa a la perfección, aunque tal vez tampoco sea recomendable llevar las cosas a su extremo no sea que al final haya que bailar con la más fea. Oficializada la fuga de la CAM, que ha preferido refugiar sus vergüenzas en los montes de Asturias en lugar de lavar sus trapos dentro de casa (de momento y casi en silencio ya se ha dicho que son 700 los empleados que va a despedir vía prejubilación), seguimos atentos al redibujo del mapa español de cajas de ahorro que se está ejecutando. Asistimos a una fiebre de fusiones que no por esperada deja de sorprender, un espectáculo financiero que no se representaba desde los primeros ochenta, cuando la crisis bancaria. Además del enlace Alicante-Oviedo y el de la gallegas, ahora está Caja Madrid merendándose a cinco pequeñas, la Caixa desayunándose a Caixa Girona para evitar su intervención, otras regionales agrupándose en torno a Caja Murcia y Sa Nostra y algunas más que se van juntando por aquí y por allá... Y todas mediante ese sistema de fusión, «fría» le dicen (y tanto), denominado SIP , diseñado para superar las resistencias autonomistas y al que los equipos directivos se acogen encantados para de paso prolongar ciertos estatus esquivando los verdaderos objetivos de las fusiones: acometer al paso de la oca economías de escala y reducción de costes a todos los niveles. El SIP —hasta el mismo nombre de la «cosa» es sospechoso: Sistema Institucional de Protección... ¿protección de qué?— puede prolongar peligrosamente el deterioro de unas entidades sobredimensionadas y muy endeudadas, con las sentinas repletas de activos tóxicos y que se van a resistir a reducir tamaño, cerrar oficinas, recortar plantillas, directivos y consejeros, eliminar dádivas y privilegios, etc., reforzando con ello la desconfianza internacional hacia la capacidad del sistema financiero español de autorregenerarse... Su única virtud (no pequeña) es que está permitiendo la integración de cajas interregionales —lo cual no es ni bueno ni malo por si mismo sino según—, y eludir fervores regionalistas cuya conveniencia, igualmente, depende de cómo y para qué. En todo caso, a los empresarios gallegos, como a las madrileños, los andaluces, catalanes y vascos les encanta contar con una gran caja de ahorros regional que hable su idioma, les comprenda y les apoye. Para los valencianos... ya veremos qué queda.
Aquí, desde el planchazo que se llevó al completo la «Valencia económica» la semana pasada cuando saltó la noticia de la fusión/escapada de la CAM y pasados los primeros momentos mientras se le(nos) quitaba la cara de tontos que tal noticia le(nos) había provocado, los pensamientos y temores se han vuelto hacia una misma dirección de la calle Pintor Sorolla. Los peores presentimientos asaltan la mente de los habitantes de la city local: ¿Volverá a producirse la misma historia con Bancaja? ¿Volverá la evidente debilidad política de la Generalitat, de su presidente y su gobierno, del PP regional y del principal partido de la oposición, el PSPV, y de su líder, a permitir que intereses ajenos a la Comunitat arrebaten a ésta su ya único pilar que asegure la pervivencia de Valencia como plaza financiera? «No hay nada, no hay nada de nada» aseguran los portavoces de la caja en referencia a que sus directivos no están negociando nada con ninguna otra entidad, una afirmación que por más de recordarnos a otra similar que se está repitiendo mucho últimamente y que no goza de demasiado predicamento, tampoco acaba de tranquilizar a casi nadie. ¿Nada de nada? Algo se estará cociendo, no? A ver si nos vamos a poner estupendos y perdemos el último tren... hacia el FROB o a donde sea.
Lo de Caja Madrid y su enrole con las cinco enanitas no quiere decir que su hábil e influyente presidente, Rodrigo Rato, no vaya a mover los hilos con la destreza en él habitual para conseguir engullir una gran caja como la de Pintor Sorolla (con banco incluido) y con ello firmar unas cuantas carambolas: recibir necesitadas ayudas del Frob, ganar tamaño, dotar a «Madriz» de una gran entidad mayor que la Caixa, «salvar» a Bancaja de su soledad, etc. Al Banco de España y a su gobernador, al PP, seguramente al PSOE que aún no se ha pronunciado sobre esta cuestión, y siempre al potente madrileñismo en general les encantaría poder fundir Bancaja y Caja Madrid en una gran caja de ahorros «estatal» y dar un revolcón centralista al ahora todavía demasiado disperso sector de cajas. No se trata de una exageración: dos de los mas influyentes diarios de información económica de Madrid, uno digital y otro impreso (identifiquémosles por sus apodos de crisis: el diario Recesión y Elsecretitos.com) ya han disparado las primeras salvas en esa dirección y escrito sobre las ventajas que tal fusión aportaría «a todos» (primera fase, acoso mediático). Seguramente ven la presa fácil: no olvidemos que medio PP valenciano tiene sus ojos puestos en Génova y el otro medio en el TSJ, que el presidente no está para nadie y que Alarte tampoco parece un muro insalvable para los intereses de sus compañeros madrileños. Así las cosas, ¿quién pues si no ese abogado que hizo carrera política puede en estos momentos garantizar la denominación de origen Bancaja, una entidad que se consolidó como referente «nacional» mediante un feliz eslogan que aseguraba que «Bancaixa nos une»? Tal parece que José Luis Olivas se ha configurado como el último baluarte para la defensa numantina de la casa y de la contigua, digo del Banco de Valencia —que como se dice por la calle Barcas, «no duraría un segundo en las manos de Rodrigo Rato» ante las presiones que van a llegar, si es que no lo han hecho ya.
Dentro de la caja confían en que Olivas esté manejando los tiempos con extrema cautela para ajustar la estrategia futura de Bancaja (y la suya propia, claro) a la cada vez más cercana reforma de la ley de cajas de ahorro que permitirá a éstas su privatización parcial. El Banco de España estudia una nueva estructura legal para las cajas que recoge las sugerencias del FMI de convertirlas en sociedades anónimas cuyas acciones pasarían a manos de una fundación que a su vez puede vender parte de ellas en el mercado (a bancos mayormente) para capitalizarse sin necesidad de ayudas públicas. Del mismo modo, la fundación podría invertir sus dividendos en las actividades que hoy son subvencionadas a través de su obra social. En fin, un radical cambio legal para las cajas que sería obligatorio para las mayores, como La Caixa, Caja Madrid o Bancaja. Lo cierto es que esta música no suena mal, aunque falta que finalmente sea esa la partitura elegida para el
'concierto' y que el 'último mohicano' de la calle Pintor Sorolla encuentre el ritmo y el tono adecuados para su interpretación.

Periodista. cruzs@arrakis.es

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