ÚLTIMA HORA

La evolución del Opus Dei

 05:30  

Alberto Moncada

En los años cincuenta, la sociedad española presenció la emergencia de una organización, el Opus Dei, que marcó su impronta en la vida política y económica. Desde entonces, la organización ha evolucionado para adaptarse a las circunstancias y el Opus de hoy tiene un perfil bastante distinto al de aquellos años.
En la primera etapa, años cuarenta y cincuenta, su fundador, Escrivá de Balaguer, pretendía crear algo parecido, aunque de signo contrario, a la Institución Libre de Enseñanza, a la que el catolicismo franquista achacaba la descristianización intelectual de España. Aquello fue imposible porque los socios del Opus carecían de la suficiente libertad para ser verdaderamente intelectuales y porque sus vidas, en un régimen calcado del de las órdenes religiosas, estaban muy condicionadas por la disciplina interna.
En la segunda etapa, y apremiado por las necesidades de la organización, Escrivá pidió a sus hijos que se implicaran en el asalto al poder político y económico de la época. Así fue como Valls Taberner y Termes se hicieron con el Banco Popular y Ullastres, Navarro Rubio, López Rodó y López Bravo, con el apoyo del almirante Carrero Blanco, se adueñaron de los ministerios económicos. Eran los llamados tecnócratas, que dieron un giro más capitalista al anterior régimen proteccionista y que se impusieron a las otras familias franquistas, los democratacristianos y los falangistas. Pero aquella fase tampoco terminó bien por las críticas recibidas desde diversos ámbitos, lo que condujo a Escrivá a ordenar el cese de las actividades mercantiles propias.
La tercera fase, contraria a las declaraciones fundacionales —«nunca tendremos colegios»— fue la creación de una red de instituciones educativas. No hay capital española o latinoamericana sin un colegio del Opus para niños y otro para niñas, no se permite el régimen mixto.
Por otra parte, hoy existe una mayor vinculación al Vaticano. Papas anteriores, como Juan XXIII y Pablo VI, no les eran propicios, pero Juan Pablo II lo compensó, canonizando a Escrivá en tiempo récord y otorgándoles el deseado régimen de independencia de los obispos territoriales. Pero la fórmula elegida, la Prelatura personal, tiene sus inconvenientes porque transforma al Opus Dei en un instituto clerical, en el que sus socios laicos son sólo cooperadores y propicia el aumento relativo del número de sacerdotes. De hecho, aquel primer perfil en el que los numerarios eran fieles corrientes que trabajarían por su cuenta en profesiones civiles y los sacerdotes serían pocos, se ha desdibujado y la mayoría de los laicos solteros trabajan en actividades internas. Cada día hay más sacerdotes en las burocracias de la Iglesia. Se cuentan más de veinte obispos del Opus y un cardenal, Cipriani, el de Lima, Perú.
Por otra parte, la recluta de numerarios, que antes se hacía en las universidades, hoy se hace en los colegios, con niños que son inducidos a vivir en un régimen muy disciplinado desde pequeños. Ello produce tensiones con las familias, enfermedades físicas y mentales y una tasa muy alta de abandonos. Hoy hay más salidas que entradas en la institución. Estas circunstancias se conocen principalmente a través de una página web (www.opuslibros.org) en la que antiguos miembros cuentan sus experiencias.
El Opus Dei pertenece hoy, con los Legionarios de Cristo, los Kikos y Comunión y Liberación, a esos grupos de católicos acríticos, muy del agrado del Vaticano, con los que compensa la disminución de sus clientelas tradicionales. Hoy los católicos practican menos, los sacerdotes jóvenes escasean y las órdenes tradicionales —dominicos, jesuitas, etcétera— prefieren seguir las directrices del Concilio Vaticano II, más progresistas, más cercanas a los pobres.
De hecho, sociológicamente, existen dos Iglesias y el Opus Dei pertenece a la más conservadora, la que se negó a continuar las esperanzas del Concilio Vaticano II y se siente más cómoda con las dictaduras que con la democracia. El Opus prosperó no sólo con Franco, sino también con Pinochet y Videla. Hoy tiene menos presencia pública, apenas hay políticos importantes como en los primeros tiempos y nunca ha tenido adeptos en el mundo sindical. Sus escuelas de negocios, el IESE de Barcelona y otras parecidas en América Latina profesan y enseñan el neoliberalismo económico a sus alumnos que luego se colocan bien en el mundo empresarial. Es una opción ideológica que marca especialmente esta última hora del Opus Dei.

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