La influencia de la radiación solar en el clima de nuestro planeta es enorme. La historia del clima terrestre, con sus fluctuaciones y cambios, se ha escrito básicamente a partir de las variaciones en las emisiones radiactivas del Sol. Ello hasta que el ser humano decidió contaminar indiscriminadamente su atmósfera con los gases de efecto invernadero, en un proceso de consecuencias no del todo conocidas, pero nunca positivas. Pues bien, la actividad solar atraviesa por ciclos de máximos y mínimos de 11 años de duración, que tiene correspondencia con el número de manchas solares que se pueden observar en la corona solar. El satélite SOHO está especializado en la observación del Sol (http://sohowww.nascom.nasa.gov/). Desde 1750 se han analizado 23 ciclos solares. Acabamos de iniciar el ciclo 24, para el que la NASA ha pronosticado una débil actividad, similar a la ocurrida durante el ciclo desarrollado en los años setenta del siglo XX cuando la Organización Meteorológica Mundial llegó a anunciar la entrada en una nueva edad del hielo. Se puede hacer seguimiento de este hecho en la web http://solarscience.msfc.nasa.gov/predict.shtml. Si, con esta débil actividad solar que se nos anuncia, la temperatura terrestre sigue subiendo en los próximos años, será todavía más evidente que las emisiones antrópicas de gases de efecto invernadero son las máximas responsables del actual calentamiento térmico que padece nuestra Tierra.
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