La FSMCV está reclamando el mantenimiento de las subvenciones para financiar sus escuelas de música minoradas de manera sustancial. Creemos que, con independencia de las diferencias presupuestarias, deberíamos evitar cualquier discurso deslegitimador y mantenernos unidos en la defensa de las sociedades musicales. Un ejercicio compatible con la evaluación crítica. De lo contrario, corremos el riesgo de desprestigiar nuestras bandas y ahondar en el desconocimiento que se tiene en algunos círculos culturales llamados cultos que siempre percibieron este fenómeno como una manifestación de orden menor por el hecho de tener un origen humilde, rural y popular.
Y es que los valencianos a veces somos proclives a ignorar lo nuestro aunque sea motivo de admiración en todo el mundo. Las sociedades musicales han permitido la integración social al ofrecer oportunidades formativas y laborales a capas de población rural que tradicionalmente no han tenido acceso a la educación superior. Gracias a ellas, los músicos valencianos ocupan la mayor parte de las plazas en conservatorios y agrupaciones profesionales españolas. A modo de ejemplo, de los 38 músicos de la sección de viento de la Orquesta Nacional de España 32 son valencianos. La calidad y cantidad de músicos profesionales valencianos es evidente. Pero, ¿quién ha favorecido esta circunstancia? Los poderes públicos y las administraciones han incrementado durante estas últimas décadas sus esfuerzos, aumentando el número de conservatorios y dedicando recursos a la educación y cultura musical. Un proceso que se inició claramente con la llegada de la autonomía política. Pero hasta bien entrados los años ochenta en la Comunitat Valenciana había solamente tres conservatorios.
Hasta entonces, ¿quién permitió que la educación y la práctica musical llegaran hasta el ultimo rincón de la geografía valenciana? La respuesta es evidente: nuestras sociedades musicales. Tenemos contraída con ellas una cierta «deuda histórica». Pero aun siendo espectacular el éxito en la formación de profesionales, todavía hay a nuestro criterio un fenómeno más valioso: la formación de músicos aficionados. A no ser que consideremos la música como un patrimonio exclusivo de los profesionales y a los aficionados como intrusos, cualquier persona se emociona cuando observa la calidad y también cantidad de músicos aficionados que pueblan nuestras bandas, que han decidido incorporar la práctica musical a sus vidas y acuden a los ensayos para cultivar su auténtica pasión.
Nuestras bandas de música son, ante todo, una escuela de vida donde se transmiten importantes valores, se practica un diálogo intergeneracional y se participa de un proyecto común. Además, se trata de una manifestación que ha demostrado su capacidad de avanzar sin recurrir al «golpe de talonario» o a la dependencia de cuantiosas subvenciones públicas. También siguen introduciendo elementos de innovación. El titular del único Centro Integrado en la Comunitat Valenciana es una sociedad musical (la Unió Musical de Llíria), la promoción de los instrumentos de cuerda también ha venido de las manos de ellas que han incorporado masivamente en su funcionamiento las agrupaciones de cuerda, etc. Pero claro, tenemos pendientes importantes áreas de mejora. Uno de nuestros retos es adaptarse a los cambios permanentes de la sociedad actual.
Y no es fácil conseguir la innovación en unas estructuras asociativas que incardinan una parte importante de su funcionamiento y organización en la tradición y en complejos sistemas de identidad. El peso del proyecto educativo debe adquirir más fuerza y así contribuir poderosamente al aprendizaje a lo largo de la vida de todos. Podemos promocionar y recuperar el folclore valenciano y también integrar en nuestras escuelas otras músicas. Y mucho más. Seguro que encontraremos el modelo para hacer sostenible esta manifestación educativa. Y mientras tanto, miles de jóvenes y adultos acuden día a día a los ensayos. En nuestro espacio sonoro siempre estará presente una banda de música que nos haga sentir orgullosos de ser valencianos.
Director del Conservatori de Torrent