¿A cómo sale el kilo de Batman? ¿Y el de Astérix? Cuando compramos mermelada y mozarella tenemos escrito al lado cuánto cuesta y a cómo saldría el kilo del producto, pero cuando termina agosto y la televisión se llena de anuncios de coleccionables tan sólo se nos informa del precio de la oferta de lanzamiento —al menos en letras grandotas; a veces veo correr a toda velocidad por la base de la pantalla unas letras infinitesimales que no sé qué dicen—. Animaciones con plastilina de la Polonia socialista; consiga las animaciones que le enseñaron en su infancia el significado de la palabra «koniec»; el primer DVD con las aventuras del perrito proletario Khmelnytsky por sólo 2,99 euros. Pero, ¿cuánto van a costar los demás DVD? Piezas dentales de animales ya extintos; un conjunto de 150 fieles reproducciones en polimetileno de dientes de especies que ya no están entre nosotros; la primera entrega, con un premolar de mamut y un incisivo de quagga por sólo 1,99 euros. ¿Podrían informarme del coste que habré pagado por la colección completa? El Defensor del Espectador o la Unión de Consumidores o la Federación Socialista de Madrid deben intervenir en esto. Ha de ser obligatorio que la publicidad de coleccionables deje claro el precio de todas las entregas y el coste completo de la colección. Poesía existencialista balinesa; primera entrega: La nada en la noche de Java, de Lombok Sumbawa, por 0,50 euros. Resto de entregas: 20 euros. Coste total de la colección: 1800 euros. Bragas de otros tiempos; primera entrega: una braga isabelina, por sólo 1,50 euros. Resto de bragas: 18 euros. Coste total de la colección: 1.400 euros. Armario opcional para guardar las bragas: 300 euros. No hay discusión: si se anuncia una colección de cómics de Batman o de Astérix han de dejarme claro a cómo sale el kilo de Batman o de Astérix. Si lo hacen los supermercados, que lo hagan también los quioscos.